#TBT – El Museo Nacional de Antropología y sus visitantes

Más allá de los números… las personas

El Museo Nacional de Antropología (MNA) es un destino obligado para el que visita la ciudad de México. También lo es para muchos estudiantes de diversos niveles escolares que buscan cumplir su tarea e incluso para el público interesado en la cultura, gustoso de asistir a museos por esparcimiento y aprendizaje. Es sin duda uno de los espacios que atiende a una mayor cantidad de público: tan sólo el año pasado [2013] recibió 2 millones 2 mil 133 visitas…

Este es el inicio de un artículo que escribí en el 2014 titulado: “El Museo Nacional de Antropología y sus visitantes”, publicado en Gaceta de Museos. No.59. Tercera Época, Agosto-noviembre 2014, pp. 22-37. No es mi intención recuperarlo completo para que lo lean en este blog porque lo pueden consultar y descargar aquí , sino aprovechar esta sección ThrowBackThursday para llamar su atención sobre algunos aspectos contenidos en el artículo y otros que, desafortunadamente por la fecha de publicación, no pudieron ser incluidos. 

Sigo sosteniendo que, pese a ser uno de los más importantes museos de México, el MNA no cuenta con un departamento, área o programa que se encargue de manera permanente de la investigación acerca de sus públicos, ya sea por medio de investigaciones propiamente dichas o por evaluaciones constantes de sus exposiciones o actividades. No cabe duda que esta institución se ha beneficiado de los estudios que ha realizado la Coordinación Nacional de Museos y Exposiciones en el Programa Nacional de Estudios de Públicos, pero me pregunto hasta qué punto ha retomado los hallazgos o ha establecido mecanismos para la interpretación y aplicación de los mismos a la gestión directa del museo.

Un aspecto relevante y poco conocido es que el MNA fue pionero al realizar al menos dos estudios de públicos muy importantes por su temprana incorporación en la historia de esta área en nuestro país e incluso en el mundo: 1) La encuesta Bases para incrementar el público que visita el Museo Nacional de Antropología (Monzón, 1952) y el estudio Efectividad didáctica de las actuales instalaciones del Museo Nacional de Antropología (Salgado et al., 1962) realizado en la víspera del cambio de sede del museo desde el Centro Histórico al Bosque de Chapultepec.

No es mi intención ahondar en estas dos investigaciones puesto que el artículo las desarrolla, pero sí resaltarlas como pioneras. También mencionar que a partir de la publicación del artículo mencionado en Gaceta de Museos, he localizado otras referencias -seguramente hay más-, así que aquí compilo las que conozco hasta ahora.

1952

Monzón, A., “Bases para incrementar el público que visita el Museo Nacional de Antropología”, Anales del INAH, t. VI, 2a parte, 1952.

1962

Salgado, I., M. C. Sánchez, L. Trejo y E. Arana, “Efectividad didáctica de las actuales instalaciones del Museo Nacional de Antropología”, [volumen sin numerar, titulado “Equipo pedagógico”], México, Consejo de Planeación e Instalación del
Museo Nacional de Antropología/inah/sep/capfce, Archivo histórico del MNA.

Década de los 70

Serie de estudios relacionados con el proyecto “La Casa el Museo”, entre ellos: Antunez, Cristina; Ordoñez, Coral; Denman, Kathy y Miriam Arroyo. Evaluación: “Influencia y alcance de la casa del museo en la Zona Observatorio, Ciudad de México”  Mexico D.F., 1976 (sin publicar).

1985

Arroyo, Miriam. “Los visitantes y el funcionamiento del Museo Nacional de Antropología”. Inédito. Archivo histórico del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

1999

Aranda Cervantes Gilberto. La comprensión de un cuadro en el Museo Nacional de Antropología. Tesis para obtener el grado de Maestro en Ciencias con especialidad en Investigación Educativa. CINVESTAV – IPN – Departamento de Investigaciones Educativas.

Montemayor, E., et. al. (1999). Los visitantes de la exposición “Magna Grecia y Sicilia” Reporte técnico. Coordinación Nacional de Museos y Exposiciones, INAH.

2000

Cortés, A., et. al. (2000). Los visitantes de la exposición “Los Etruscos: El Misterio Revelado” Reporte técnico. INAH- Coordinación Nacional de Museos y Exposiciones. Disponible en: http://estudiosdepublico.inah.gob.mx/estudios/2000-2003/exposicion-los-etruscos

Gándara, M., La comunicación entre el Museo Nacional de Antropología y su público, México, inah, 2000, en línea [http://www.estudiosdepublico.inah.gob.mx].

2001

Moreno Guzmán, María Olvido. Encanto y desencanto: El público ante las reproducciones de los museos. Tres casos del Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México. INAH. Colección Obra diversa.

2004

Massa Perborell, Diana Antonia. Los objetos que nos narran. La transmisión de ideas sobre el patrimonio cultural a escolares en el Museo Nacional de Antropología. Tesis de Maestría sin publicar. México: Universidad Iberoamericana. 364 págs.

Estudios varios en la sala de exposiciones temporales del Museo Nacional de Antropología para las exposiciones internacionales, realizados por el Programa Nacional de Estudios de Públicos de la Coordinación Naciona de Museos y Exposiciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Disponibles en: http://estudiosdepublico.inah.gob.mx

2005

Gómez Colorado, A., Cortés Cervantes, A., & Teodocio Licona, K. (2005). ¿Sabe usted dónde está Irán? Gaceta de Museos, JulioSeptiembre (35), 12–15.

2009

Maceira Ochoa, L. M. (2009). Educación, género y memoria social: Un análisis sociocultural de las interacciones de los públicos en museos antropológicos mexicanos (Tesis de doctorado sin publicar). Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional – Departamento de Investigaciones Educativas, México, D.F.

Silva Eliud, Ulises Vázquez, y Fernando Hernández. Encuesta a públicos de museos 2008-2009, Informe de resultados. México, D.F.: Conaculta. *Incluyó al Museo Nacional de Antropología, al Museo Nacional de las Culturas y al Museo del Templo Mayor.

2012

Lara Méndez, A. (2012). Aglomeración y sobrecarga de información en la sala Poblamiento de América. (Tesis de doctorado sin publicar). Universidad Autónoma de México – Facultad de Filosofía y Letras, México, D.F.

Boletín El Itinerante, Colombia

El Programa de Fortalecimiento de Museos del Ministerio de Cultura de Colombia, edita el Boletín el itinerante, con diversos temas concernientes a los museos. Activo desde el año 2011, cuenta con 59 ediciones, todas disponibles en línea.

El número 58 estuvo dedicado a los estudios de públicos en museos. En él, la colega Sonia Peñarete expresa sus ideas en una entrevista videograbada. Yo por mí parte, respondí algunas preguntas relativas al panorama de los estudios de públicos en México, las experiencias internacionales que han inspirado mi trabajo y sobre la publicación Estudios sobre públicos y Museos, Vol. I.

Pueden consultar el No. 59 de este boletín aquí

Fatiga de museo. Antes y ahora

Queridos lectores, no tendrán dificultad en encontrar similitudes entre estas dos imágenes. A cien años de distancia, uno de los problemas identificados por los estudios sobre los públicos de los museos no se ha solucionado del todo ¿Se han sentido agotados durante y tras la visita a un museo? !Es normal!

En 1916, Benjamin Ives Gilman, curador del Boston Fine Arts Museum nombró a este fenómeno como fatiga de museo: el cansancio provocado durante la visita al museo por problemas relativos al diseño museográfico [1]. También, podemos atribuir este cansancio a que la visita al museo es altamente demandante, física y cognitivamente, pero en efecto, el diseño y otros factores no nos hacen la vida mejor.

Entre los aspectos que debería tener un museo abierto y amigable están, de acuerdo con Kathleen McLean y Wendy Pollock: la bienvenida, el confort, y brindar espacios de convivencia. Como parte del confort es básico contar con lugares de descanso ya sea para tomar un receso en la visita o para contemplar las obras: “la importancia de los lugares para descanso no puede ser sobre estimada -asientos variados, móviles, disponibles. De hecho, el museólogo británico Kenneth Hudson predice que los museos que prosperarán en este siglo son los que tengan encanto, y los que tengan sillas”  [2]

La falta de lugares de descanso no es ciencia oculta. Ya lo señalaban Gilman y el museólogo mexicano Alfoso Pruneda quien en 1913 escribió: “[…] arreglo satisfactorio de las entradas y salidas evitando la aglomeración, amplitud de los pasillos para facilitar la circulación, bancas en los salones para descanso y contemplación detenida y por supuesto, el arreglo de los ejemplares, es decir, de las colecciones.” [3].

La pregunta es ¿Toma tantos años solucionar estos aspectos? Aparentemente sí, muchos museos siguen dando prioridad a las colecciones olvidando que existen personas que quieren pasar un rato agradable, conocer y contemplar, que incluso pasarían más tiempo en las salas de los museos si pudieran pausar su visita y descansar.

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Zona de descanso en el Whitney Museum, con vista a una obra y al exterior

[1] Gilman, B. I. (1916, Enero). Museum Fatigue. The Scientific Monthly, 2(1), 62–74.

[2] McLean, K., & Pollock, W. (2011). The Convivial Museum. Washington, DC: Association of Science-Technology Centers. p. 78

[3] Pruneda, L. (1913, Febrero). Algunas consideraciones acerca de los museos. Boletín de La Sociedad Mexicana de Geografía Y Estadística, VI(2), 80–98.

 

Museo participativo

La semana pasada Papalote Museo del Niño organizó la Jornada Museo Participativo, invitándonos a repensar el papel que pueden tener los museos hoy día. En un formato muy interesante, por la mañana asistimos a cuatro ponencias, y por la tarde se ofrecieron igual número de talleres pero simultáneos, de manera que sólo se podía asistir a uno.

Aquí una muy breve reseña de lo que presenciamos.

  • Kathy McLean y su manifesto para la (r) evolución de las exposiciones de museos

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Diseñadora de exposiciones, autora de varios libros, pero sobre todo una persona increíble, Kathy nos lleva por una serie de consejos para evolucionar radicalmente. Si  queremos sobrevivir al cambiante mundo actual, los museos deben: aceptar la mutación, diseñar para la flexibilidad y el cambio, experimentar, pensar en los visitantes como socios, dejar lugar a la imaginación, entre varias ideas más. Consulta el manifesto completo aquí.

Con ejemplos más que ilustrativos de su trabajo como consultora en múltiples proyectos me deja con dos ideas clave:

  1. !hazlo! Si quieres cambiar y contribuir, sólo hazlo, diseña exposiciones tipo “guerrilla”
  2. Un museo que no cambia en dos años es obsoleto, ¿estamos preparados para cambiar y actuar rápido?

Más sobre Kathy aquí.

  • Nicolás Testoni y el museo taller que cautiva

foto-11-11-16-11-16-15Vivir en Bahía Blanca no es cosa fácil, así lo muestran las imágenes de un puerto que ha sufrido los efectos de la industrialización y ha visto cambiar la vida radicalmente a lo largo de los años. Y sin embargo, Ferrowhite, un proyecto cultural, instalado en lo que fuera el taller de la usina -central eléctrica- General San Martín, ha logrado detonar acciones en torno a una memoria y sentido colectivo en torno al habitar ahí.

La participación como un elemento central de un museo que se construye cada vez. “No podemos dar cuenta de esta historia en soledad” Nos dice Nicolás. Y en una lectura en voz alta del documento que traía preparado, alternando con vídeos que ha producido sobre distintos aspectos de este proyecto, deja la idea de visitar este lugar y el claro mensaje de que no existen recetas.

  • Camilo Sánchez y la crítica desde fuera y desde adentro

foto-11-11-16-12-19-36Camilo viene de Colombia, y como en México, allá se viven realidades extremas: de las grandes inversiones en los museos nacionales a las precariedades de los museos locales y de otra escala. Camilo “haces reír a la gente a la tercera palabra” -le comento- y él responde que sus chistes sólo funcionan en México, que en Colombia nadie se hubiera reído. Pero, con un humor muy particular, nos lleva por varios pasajes de mucho interés: la aplicación que realizó de las propuestas de Kathy sobre los prototipos de exposiciones, las reflexiones que trae de su reciente participación en la Conferencia General del ICOM en Milán acerca de los paisajes museológicos, y la museografía de los 3 centavos. Reflexiona sobre los grandes presupuestos asignados a museos que en consecuencia no cambiarán próximamente y nos advierte sobre el peligro de que estas nuevas estrategias participativas caigan en la rutina.

  • Beverly Serrell y lo que la investigación dice sobre el comportamiento de los visitantes en museos

foto-11-11-16-13-30-03¿Los estudios de públicos tiene alguna aplicación? Beverly nos ilustra cómo la compilación y análisis de numerosas observaciones de visitantes en sala develan ciertas tendencias que en  varios museos no nos gustaría escuchar e incluso aceptar: visitas que en promedio duran 20 minutos, utilización de menos de la mitad de los elementos que se ofrecen en las exposiciones, la demanda por “más información” que en realidad significa “necesito información relevante”, el poco uso que tiene la cédula introductoria, y los factores que pueden incrementar que se le ignore como la “desviación del recorrido a la derecha”.

En verdad una presentación a la que yo llamaría “un baño de realidad”, pero que en concreto se reduce a algunos consejos básicos que nos otorga Beverly: cambiar la actitud hacia los visitantes, tener empatía con ellos y reconocer su esfuerzo.

Más sobre el trabajo de Beverly, aquí.

Cierro esta brevísima reseña felicitando a Horacio Correa, organizador del evento y con un saludo para todos los colegas y amigos a los que encontré y también para todos los que no pude saludar personalmente.

Una jornada muy productiva.

 

 

 

Exposiciones que cautivan

El sábado pasado visitamos varios museos de la ciudad de Huamantla en el estado de Tlaxcala, México. La visita fue parte de las actividades del Seminario de estudios y formación de públicos que impartí para el Centro Cultural Mexiquense Bicentenario en el Estado de México. A iniciativa de uno de los alumnos visitamos esta ciudad, Francisco nos comentó que varios de los aspectos que habíamos analizado durante el seminario podían reflexionarse en estos museos. Así que, gracias también a la organización de Samuel quien amablemente coordinó el tema del transporte, nos dirigimos a esta ciudad. Es muy simpático ver cómo cualquier grupo, incluso de adultos, en el momento en el que se pone en modo excursión se transfigura en grupo de niños que buscan divertirse en camino a una experiencia lúdica y de entretenimiento.

Como parte de las actividades planeadas yo había preparado la guía de los Jueces Excelencia de Beverly Serrell [1], quien realizó una propuesta para valorar la excelencia de las exposiciones en los museos. Esta guía destaca cuatro aspectos que podrían valorarse al visitar una exposición, está diseñada para profesionales de los museos dispuestos a realizar visitas críticas desde el punto de vista de los visitantes. Los cuatro aspectos a valorar son: el confort, el grado en que la exposición cautiva, si se refuerza a sí misma y la relevancia que tiene para los visitantes en términos personales.

Si bien esta guía ha sido preparada por colegas en Estados Unidos y aplicada en su mayoría en el área de Chicago, la hemos retomado en diferentes cursos en México para valorar cómo son las exposiciones en relación con los públicos y reflexionar sobre qué criterios se deberían considerar para considerarlas de excelencia. Huamantla fue el ejemplo perfecto de cómo los aspectos y criterios de esta guía no se ajustaban a la realidad de los museos que estábamos visitando. De hecho, quedó claro muy pronto que no podríamos aplicarla en su totalidad. No obstante, pienso que en el nivel general, los aspectos que propone el Marco de los Jueces de Excelencia de una u otra forma podían ser valorados. Me referiré particularmente a nuestra experiencia en el Museo de la Ciudad de Huamantla y en el Museo Nacional del Títere.

El confort. Es increíble como una ciudad pequeña en la que se encuentran museos ubicados de una calle a otra a una distancia accesible a pie hacen de la visita una experiencia realmente atractiva y amena. Los propios edificios en los que están ubicados los museos ofrecen un buen nivel de confort con recorridos que no resultan cansados. Existen sin embargo varios aspectos a mejorar: los apoyos a la orientación espacial y cognitiva que se proveen a los visitantes o también los servicios que se ofrecen, especialmente en el Museo de la Ciudad de Huamantla, se requiere mayor mantenimiento a los sanitarios así como a la conservación de los objetos y mantenimiento de las instalaciones y los cedularios que ahí se muestran. ¡Sí! Estos aspectos también forman parte de la experiencia de visitar un museo.

“Una exposición de excelencia ayuda a los visitantes a sentirse bien física y sicológicamente. El confort abre las puertas de otras experiencias positivas, la falta de confort las evita.”

2016-09-10-11-28-07Aspectos que cautivan. Me parece que éste es el aspecto que más llama la atención en dos de los museos que visitamos. En primer lugar el Museo de la Ciudad de Huamantla, que podría parecerse más a un viejo gabinete de curiosidades o maravillas en donde las personas interesadas por cuidar la memoria y la identidad de la ciudad han ido almacenando toda clase de objetos relevantes desde su punto de vista para la historia. Amontonados algunos, encimados otros, realmente se trata de objetos que nos llevaban a pensar que hacían ahí: una torre Eiffel a escala, una estación de trabajo de odontología antigua, la primera computadora personal comprada para el ayuntamiento, los trofeos de los miembros más destacados de la sociedad -deporte, competencias caninas y bobinas, cantantes, etc.- en fin de lo arqueológico a lo anecdótico con una presentación bastante modesta o incluso falta de cuidado. Y a pesar de ello todos estábamos ahí, fascinados por lo que veíamos, cautivados, reflexionando sobre objetos que llamaban realmente nuestra atención, pensando que si este museo refleja la historia del ciudad, si este museo permite a propios y extraños asomarnos un poco de la identidad de los habitantes de Huamantla. No tengo una respuesta. Pero nos atrapó.

“Una exposición de excelencia cautiva –engancha- a los visitantes. Los invita a poner atención. El involucramiento es el primer paso para encontrar significados más profundos”.

Aspectos de refuerzo. Esto se refiere a qué tanto la exposición y cada una de sus partes nos ayudan a comprender un mensaje global, repitiendo de ser necesario, la información clave al inicio del exposición y en distintos puntos, a la vez diversificando los medios que se usan para transmitir los mensajes principales. Éste quizá sea el punto más débil de estos dos museos, no me parece que sus creadores hayan pensando en un mensaje principal que comunicar, algo que quieran que todos los visitantes nos llevemos. Aunque quizá este aspecto está presente en lo inmaterial, en la hospitalidad del personal en todos los museos, fue realmente una constante sentirnos bienvenidos en los accesos, durante la visita, con las personas que nos atendieron, quizá en este sentido sí hay aspectos que refuerzan esta idea una y otra vez a lo largo de la visita.

“En una exposición de excelencia, se ofrecen a los visitantes  múltiples oportunidades para alcanzar o entender exitosamente los contenidos y para sentirse intelectualmente competentes, ir más allá de un “wow”. Además, la exposición tiene varios puntos de “refuerzo” dando oportunidad de acceder a partes similares de información pero de diferentes formas, cada parte forma un todo. Los visitantes se sienten confiados de tener experiencias significativas”

Relevancia. Este aspecto se refiere a qué tanto las exposiciones están enfocadas en torno a el interés de los visitantes en términos personales, relevantes, significativos. Quizás el Museo de la Ciudad no cubrió tanto este criterio como el Museo Nacional del Títere. No fue posible visitarlo todo por estar en remodelación, con la tarea de terminarla antes de que inicie el Festival Internacional del Títere en octubre próximo. Este museo guarda una colección muy particular perteneciente a la familia Rossete Aranda que durante más de 100 años impulsó la manifestación teatral con el uso de marionetas. Está lleno de objetos que también nos cautivaron, pero además de historias que nos tocaron, a nivel personal con recuerdos de nuestra infancia y a nivel de identidad con fragmentos de la historia del país: esos soldados del desfile del 15 de septiembre cada uno distinto al otro, la pelea de gallos, el circo, la orquesta. Escenas de la vida cotidiana que aún ahí congeladas en las vitrinas nos hacían sentir realmente emocionados -no me quiero imaginar cuando estos objetos cobran vida-. Además el museo presenta otra serie de objetos que, aunque no pertenecieron a la Compañía Nacional de Autómatas de los Rossete Aranda han sido incorporados a su colección y son muestras de esta manifestación a lo largo y ancho del mundo. De verdad un museo que no se pueden perder.

“Una exposición de excelencia provee experiencias que son relevantes en términos personales para los visitantes. Más allá de sentirse involucrados y sentirse competentes, los visitantes se pueden sentir cambiados, cognitiva y afectivamente, en términos inmediatos y a largo plazo.”

Nuestro día en Huamantla fue una experiencia única, no sólo por los elementos que he comentado. Tuvimos la suerte y el honor de ser guiados por un embajador de la ciudad, el hoy cronista señor José Hernández Castillo, quien desde nuestra llegada al Museo de la Ciudad amablemente guío la visita y nos develó rincones, historias y personas especiales de esta ciudad. Se ha señalado en varias ocasiones el gran valor de la interpretación personal, es decir aquella ejecutada por personas,  guías, mediadores. Y es que ellos develan para nosotros esos misterios y esos valores imbuidos en el patrimonio que no son fáciles de descifrar a primera vista, Don José hizo un trabajo extraordinario. El gran reto para los museos es traducir esta riqueza a otros medios para que los visitantes que no tengan la suerte que nosotros tuvimos puedan acceder a las historias, las anécdotas, el orgullo y la hospitalidad de este lugar y su cultura.

Es un hecho que los museos visitados tienen un tramo que recorrer. Se aprecian carencias y muchos aspectos que se podrían mejorar, no obstante creo que brindan una oportunidad sensacional para una experiencia verdaderamente rica.

Gracias a Francisco por la sugerencia, a Samuel por la organización del transporte, a Angélica por las gestiones, y a todo el grupo por su interés y disposición durante el Seminario. Lo disfruté y aprendí mucho. Por supuesto a Don José.

A pesar de muchos lados oscuros de nuestro país, cada momento encontramos gente valiosa por la que sí podemos decir ¡Viva México!

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[1] Serrell, B. (2006). Judging Exhibitions: A Framework for Assessing Excellence. Walnut Creek, Calif: Left Coast Press

*Las traducciones de las frases entrecomilladas son mías.

Públicos y museos ¿qué hemos aprendido?

Hace unos años cuando comenzaba a incursionar en el ámbito de los estudios de públicos de museos por invitación de mi entonces profesora en la Maestría en Museología de la ENCRyM, Ana Hortensia Castro, teníamos a mano muy pocos recursos.

Era el año 2002 y las publicaciones a las que se tenía acceso eran principalmente españolas. A excepción de algunos textos clásicos traducidos al español como el libro de Eilean Hooper-Greenhill Los museos y sus visitantes [1], la mayoría de la literatura estaba en inglés. No sólo eso, era difícil de conseguir, tanto por limitantes en la distribución como por los altos precios.

Los trabajos publicados en México apenas alcanzaban unas pocas referencias ampliamente conocidas, y se sabía de otros estudios por menciones secundarias o de palabra, no siempre fáciles de localizar.

Hoy día, a más de una década de distancia parte de esta situación ha cambiado. Llegaron Amazon, Kindle, Google Books, se intensificó el uso de las redes sociales y los foros públicos para compartir productos académicos como ResearchGate o Academia.edu. La creación de repositorios digitales con estándares de indexación internacional ampliaron nuestra capacidad de búsqueda y las posibilidades de localizar textos. Las asociaciones profesionales en torno al tema y las instancias gubernamentales que trabajan en éste también han permitido el acceso a recursos varios. Incluso las revistas especializadas que no son de acceso libre permiten la previsualización de contenidos y la posterior compra del artículo. Hoy se corre más el riesgo de perderse en este mar de información que el de no encontrar recursos útiles a nuestros temas de estudio.

No obstante, otra parte de la situación no cambió tanto. Si bien en México se intensificó el uso de los estudios de públicos como herramienta, principalmente para conocer a los visitantes, pero también -en contados casos- para la planeación o evaluación de proyectos expositivos o incluso nuevos museos, no se han incrementado sustancialmente la publicación y/o difusión de éstos. Aún enfrentamos problemas para allegarnos de esa información o bien de acceder a literatura adhoc para nuestros contextos.

La seLibro públicosrie “Estudios sobre públicos y museos”, publicación electrónica de libre acceso de la ENCRyM, busca crear un foro de socialización de la investigación sobre los públicos y visitantes de museos y otras instituciones afines. El jueves 1 de septiembre se presentará el primer volumen, una compilación introductoria de estados de la cuestión referentes a distintos aspectos de la relación públicos y museos: el propio campo de estudio y su evolución en el tiempo, las consideraciones en torno a estrategias de comunicación empleadas en los museos cuando se piensa en los visitantes, las redes sociales como medios de difusión y las características de algunos tipos de públicos.

Con prólogo de Nayeli Zepeda, artículos de Belén Zuazúa de Loresecha, Galia Staropolsky Safir, Liliana Flores Ayala Sandra, Manuel Gándara Vázquez, Melissa Lara Flores, Mildred Muñoz Briones, Monserrat Narváez Naranjo, Myhrra Duarte Rodríguez Malpica, Silvia Monserrat Ramírez Maruri y el mío propio, el volumen integra un mapa introductorio para quienes desean comenzar en este campo o para profesionales que trabajan en los museos y desean informarse acerca de éstos aspectos en relación con los visitantes.

La presentación tendrá lugar en el Aula Magna de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, General Anaya 187 Col. San Diego Churubusco, Coyoacán. Ciudad de México a las 18:00 hrs. También se transmitirá en línea a través del canal YouTube de la Escuela Ir al enlace

[1] Hooper-Greenhill, E. (1998). Los museos y sus visitantes. Trea, Ediciones, S.L.

Objetos museales ¿Vivos o muertos?

Recientemente fui invitada a participar en las Mesas de Discusión Teórica que organiza la Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural, con el tema: Uso y función del patrimonio “viviente” en museos. Debo decir que fue muy interesante pensar en estos términos y hablar de los objetos de museos y su “vida” desde las aportaciones que ha hecho la museología.

Para abordar el tema retomé un texto que había escrito con anterioridad: ¿El mundo es un gran museo? el cual presenté como primera parte de la reflexión. Fue útil hablar de la transformación del concepto museo para de ahí derivar la reflexión sobre los “objetos” que contienen. Así, en esta entrada presento la segunda y tercera parte de esa reflexión.

Primera parte: ¿El mundo es un gran museo? 

Segunda parte: los espacios museales, los objetos museales

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Esta noción de espacio museal ha sido necesaria para entender a una institución que ha mutado con adaptaciones a un medio y a una sociedad cambiante. Si en sus primeros años los museos estaban fuertemente enfocados a la conservación y estudio de los objetos –con la exhibición y la educación como tareas marginales, hoy en día las propuestas han llegado a la aparente paradoja de espacios designados como museos que incluso carecen de objetos y colecciones. El término “museo” quedó entonces corto para un fenómeno que desbordó los límites claros y las paredes de la arquitectura de cánones clásicos y a la vez transformó lo que se ha definido como objeto y colecciones museales.

Elaine Heummann Gurian, museóloga estadounidense, en su texto: Cuál es el objeto de este ejercicio: una exploración serpenteante por los muchos significados de los objetos en los museos [“What is the object of this exercise. A meandering exploration of the many meanings of objects in museums”] publicada en la serie de artículos compilados en el libro “Civilizing the museum”, nos lleva de la mano por una exploración de los diversos significados de los objetos en el ámbito museal. La conclusión, que no revelaré desde ahora, los puede sorprender.

Me interesó el texto de Gurian porque me fue posible alinear una serie de cuestionamientos que desarrolla de manera brillante en su texto con las preguntas que detonan la discusión en esta mesa. Preguntas en las que mis colegas -Begoña Muerza y Octavio Murillo- ahondaron más. Por mi parte quisiera guiarles por las ideas de la autora en torno a los objetos ¿Qué hace a un objeto un objeto de museo?

Para Elaine la definición del objeto en el pasado era fácil y en torno a ésta, venía la privilegiada responsabilidad en los museos de atender la adquisición, conservación, seguridad, exhibición, estudio e interpretación de estos. Era fácil porque se trataba de “las cosas reales”, se utilizaban palabras como único, auténtico, original, genuino, actual. Las cosas se coleccionaban por su relevancia, se encontraban enmarcadas dentro de la historia del mundo: natural, cultural o artístico. No obstante, las cosas reales tenían más de un significado, a veces podían ser “un objeto único” o “único en su tipo” o bien “un ejemplo de” es decir un “ejemplar” Ambos tipos de objetos: únicos y ejemplares fueron incorporados a las colecciones.

A medida que el museo fue perdiendo solidez como definición y comenzó a adoptar a otros espacios que compartían tareas – como hemos visto zoológicos, jardines botánicos, etc. -, las definiciones de colección y de objeto también adquirieron propiedades más bien flexibles que sólidas ¿Los grupos de animales y plantas vivos podrían ser consideradas colecciones? Varios de estos cambios tuvieron lugar con propósitos de acreditación ante instancias como el propio ICOM o la Asociación  Americana de Museos. Ser un espacio acreditado como museo proveía beneficios. Las cosas se pusieron más interesantes. El texto de Gurian nos muestra que incluso algunas instancias como las galerías que no poseían colección propia también se incluyeron en la definición museo. Otros objetos creados en espacios como los centros de ciencia que se produjeron para mostrar ciertos fenómenos científicos con el paso del tiempo han llegado a ser colecciones relevantes para la historia de las disciplinas

¿Sólo aquellos objetos que han sido trasportados desde un lugar distinto al propio museo son considerados objetos de museo? Se pregunta la autora ¿Y los que fueron creados dentro del propio museo? ¿O los que quedaron atrapados in situ cuando el espacio se declaró como bien patrimonial o museal?

Aquí cabe extraer del texto que se me proporcionó como guía para la reflexión de esta mesa la parte en donde se dice: “existen circunstancias en las que ciertos bienes culturales son separados de su contexto para formar parte de una colección de museo” Paul Philippot recomienda que: “El reconocimiento del valor y del contexto [del patrimonio cultural] conduce lógicamente al principio de que cada objeto debe, cuando sea posible, ser conservado in situ. Mantener los objetos en la casa de un prócer a la que se le convierte en museo es mantener su contexto y sin embargo, ¿el proceso museal está afectando su vida? ¿Lo mismo vale decir de un templo o convento que ha pasado por procesos similares?

El texto guía también menciona que para Herb Stovel y otros autores, el patrimonio cultural “viviente” o “vivo” se refiere a sitios o bienes culturales que se encuentran en pleno uso dentro de su contexto original. Y Philippot es enfático cuando dice que el objeto nunca debe ser privado de su contexto si queremos impedir que quede aislado y “Musealizado”, separado de la vida ¿Los objetos mueren cuando se trasladan a un museo? ¿O adquieren una nueva vida? Es decir, en este símil, ¿reencarnan en algo más?

Debemos recordar que no necesariamente son separados por voluntad, muchos objetos transitan por diversos contextos y la suerte que corren es más bien indeterminada, la manera en cómo han sido “separados de su vida” es algo que se aborda desde la arqueología y desde los estudios sobre la cultura material, con una corriente que se refiere a la biografía cultural de los objetos. Para Néstor García Canclini, entender cómo los objetos artesanales adquieren una nueva dimensión transformando por ejemplo una olla de cocción a florero o un textil utilitario a obra de arte enmarcada, no debe conducir necesariamente a sostener que el significado del objeto se perdió, más bien se transformó, cuando al pasar de un sistema cultural a otro adquirió nuevas relaciones sociales y simbólicas, en una circulación de bienes y mensajes que reestructuran sus significados.

Tercera parte: las preguntas de esta mesa, y más preguntas

Desde mi punto de vista, en efecto, aún el patrimonio “viviente” que se incorpora a un museo o queda atrapado en él, adquiere nuevos usos y funciones y por ende una nueva vida. Si en esta nueva vida está condenado a ser pieza de aparador muda será otra cosa a cuestionar o si tendrá por así decir un “médium” que le haga hablar a través de una re contextualización que emula su función original o bien que interpreta los múltiples significados que pudiera tener en distintas etapas de su biografía, también es algo por analizar.

Para la segunda pregunta planteada por los organizadores de la mesa: ¿Qué papel tienen los actores sociales originales en este cambio de contexto? Regreso al texto de Elaine. A lo largo de las preguntas que plantea y mediante las que va elaborando su argumento, llega al punto al que han conducido las denominadas “nuevas museologías” es decir aquellas que rompieron con el paradigma predominante del museo templo –Así denominado por otro autor, Duncan Cameron-. Nótese que hablo de ellas en plural porque no sólo existe la Nueva Museología, una corriente establecida y muy identificada con las aportaciones que desde el ICOM hicieran los contextos francés y latinoamericano, sino de otras tantas propuestas anti hegemónicas que dan cabida a las mutaciones contemporáneas del museo a las que me he referido con anterioridad.

A partir de cierta crisis vivida en el museo hacia los años 60 del siglo pasado, las prácticas más comunes en los museos fueron cuestionadas. La autora se pregunta: ¿cómo se preservarán mejor los objetos? ¿Todos los objetos se conservan mejor si se dejan sin usar?¿De quién son las reglas para la conservación de las colecciones? ¿De quién es la propiedad de dichas colecciones? ¿Quién dice que todos los objetos deban ser conservados? ¿Qué se conserva?: ¿los objetos? ¿o las prácticas que se recrean por medio de estos?

Las corrientes contemporáneas de los museos dieron lugar y cabida a muchas de estas discusiones, por ejemplo, admitiendo el derecho de propiedad de los pueblos originarios sobre colecciones que les fueron “expoliadas” o apropiadas bajo criterios de investigación científica. Especialmente sensibles han sido las restituciones de restos humanos.

En otras ocasiones han habido acuerdos: el museo queda como custodio de los objetos pero admite prácticas rituales en torno a éstos dentro de sus propias instalaciones. Por ejemplo, en Canadá se estableció el Task Force on Museums & First Nations para el trabajo colaborativo entre las comunidades “fuente” y los profesionales de museos. En el Museo Canadiense de la Civilización cada determinado tiempo los miembros de las etnias acuden a realizar rituales y los depósitos de colecciones están regidos con costumbres como las de no admitir mujeres menstruantes en determinados periodos del año. Estas prácticas por supuesto generan nuevas preguntas ¿Se pueden organizar exposiciones con objetos procedentes de estas comunidades fuente sin su permiso? ¿Qué aspectos problemáticos detona el tema de la propiedad cultural? Si la colección es mía ¿La puedo tener de regreso? -continúa Gurian.

Un caso paradigmático ha llevado este tipo de prácticas al interior de los museos pero de forma institucionalizada. Me refiero al Museo Te Papa Tonwarega de Nueva Zelanda, en donde a partir de su reubicación en el puerto de Wellington se instituyó como un museo bicultural en el que conviven formas museológicas occidentales con formas tradicionales maoríes en el tratamiento de los objetos.

El museo cuenta con curadores de este grupo quienes son los responsables del manejo de sus objetos, a los que atribuyen un alma o vida llamada “mana”. Los objetos merecen ser tratados como respeto y se les rinden ciertos rituales incluso cuando son transportados a otras sedes como parte de las exposiciones internacionales.

Tal fue el caso de la exposición Etu Ake, Orgullo maorí. Presentada en París, México y la Ciudad de Québec. Un alto funcionario maorí, especialmente facultado para realizar cierto tipo de ceremonias acompañó a la delegación de comisarios que montaban la exposición para realizar las ceremonias en los eventos inaugurales. Dependiendo de cada contexto la ceremonia fue adoptada con mayor o menor recelo, por ejemplo en París, en el Museo del Quai Branly no fue tan sencillo, en el museo se tuvieron discusiones respecto a cuál era la diferencia entre admitir una ceremonia de este tipo y otro tipo de ceremonias religiosas. Por el contrario en México, el evento incluso abrió la puerta a grupos que normalmente no son admitidos como parte de una ceremonia cívica como lo es la inauguración de una exposición.

Las prácticas maoríes trascienden el contexto específico de sus objetos culturales. Por ejemplo, al terminar la exposición temporal Gallipoli exhibida actualmente en Te Papa, el visitante puede lavarse las manos al concluir la visita. Desde el punto de vista maorí los objetos guardan cierto poder, y aquellos objetos del pasado, especialmente los que aluden a la vida y la muerte, están fuertemente cargados de energía, de la cual es necesario desprenderse tras el encuentro. Estos lavamanos existieron en la exposición Aztecas que se exhibió en este mismo museo, y se encuentran a la salida de los depósitos de colecciones en el propio museo.

Otro ejemplo es el de la ceremonia que se realizó en instalaciones del Museo Australiano al finalizar la exposición Aztecs. Conquest and Glory, cuyo fin era el buen regreso de las colecciones a México.

Estas dimensiones han sido analizadas desde conceptos como el de las “zonas de contacto” término aplicado a los museos por James Clifford, quien señala que se trata de un intento por invocar la presencia conjunta en el espacio y el tiempo de sujetos que han sido separados por disyuntivas geográficas y culturales y cuyas trayectorias ahora se intersectan. Los museos –con esa definición gelatinosa de la que hablé- cada vez más son lugares límite entre diferentes mundos, historias y cosmologías, nos dice Clifford.

En los casos canadiense y neozelandés me parece que el encuentro ha sido posible por un espíritu de reconciliación, no estoy segura si en México sucedería lo mismo. Por ejemplo, Raúl Barrera, curador de la exposición de Aztecas que he señalado, menciona, al reflexionar sobre lo vivido en Nueva Zelanda y su experiencia en México que: “En México, los pueblos indígenas son tratados como el ‘otro’ y exhibidos en el Museo de Antropología, no hemos encontrado nuestra identidad como nación incluyéndolos”.

¿El patrimonio puede “vivir” en los museos? Desde mi modo de ver sí, en tanto que la materialidad física del objeto y sus sentidos permanezcan, aunque sus significados se reelaboren. En el caso de prácticas que involucran el uso de los objetos que pueden llevar a su deterioro, si lo relevante es la práctica, es ésta la que se convierte en el objeto de la conservación, su muerte sería su desaparición del ámbito cultural. Hoy en día, entiendo, los procesos de documentación son parte también de la conservación.

Y los objetos no siempre son el centro de los museos. Esta es la conclusión de Elaine, para ella, lo que importa son tanto la espacialidad del lugar como las memorias y las historias que son contadas. Los espacios museales, pero en especial los museos, nos dice Gurian: son espacios que almacenan la memoria y presentan y organizan significados en alguna forma sensorial, espacios de congregación con la habilidad de reunir grupos multi generacionales para experimentar cosas juntos: una evidencia colectiva de que estamos y estuvimos aquí.

Fuentes consultadas

Cameron, D. F. (2004). The Museum, a Temple or the Forum? In G. Anderson (Ed.), Reinventing the Museum: Historical and Contemporary Perspectives on the Paradigm Shift (pp. 61–73). Rowman Altamira.

Clifford, J. (1997). Routes: travel and translation in the late twentieth century. Cambridge, Mass: Harvard University Press.

García, C. N. (2004). Diferentes, desiguales y desconectados: Mapas de la interculturalidad. Barcelona: Gedisa.

Gurian, E. H. (2006). Civilizing the Museum: The Collected Writings of Elaine Heumann Gurian (1 edition). London ; New York: Routledge.