Prototipos y evaluación para el diseño de exposiciones. Entrevista con Camilo Sánchez.

Camilo Sanchez

Camilo Sánchez es diseñador industrial y maestro en Museología. Actualmente es asesor museológico del Museo Nacional de Colombia, en donde está encargado de la renovación total del Museo y de su proyecto de ampliación. Ha realizado proyectos en diversas instituciones museales colombianas y del exterior. Es profesor invitado de museografía en varias universidades colombianas.


Conozco a Camilo hace algunos años y sé que es un diseñador que se atrevió a incorporar los prototipos como parte del proceso de creación de exposiciones. Me interesó explorar con él las diferencias y semejanzas entre la evaluación, digamos “más formal” y la retroalimentación de los visitantes utilizando prototipos,  para Kathy McLean se trata de una forma de evaluación “diferente”, tal como lo explica en un artículo al respecto. Entonces ¿qué aportan? Aquí las ideas que Camilo nos comparte en exclusiva para El Diván ¡Gracias!

Desde el punto de vista de un diseñador de exposiciones: ¿Qué diferencias encuentras entre trabajar una idea con prototipos y con retroalimentación mediante la evaluación? 

Siempre me ha parecido problemático la aplicación rápida de la evaluación formativa (y la rapidez es clave, porque siempre los procesos de diseño son contrarreloj). Por ejemplo, si para el diseño de una exposición se hace un grupo focal, pueden salir ciertas ideas o incluso palabras y nociones que eventualmente alimentan el diseño, pero que difícilmente generan cambios esenciales. Claro que también hay que decir que por lo general este tipo de evaluaciones previas se hacen de manera global (por ejemplo sobre las temáticas de la exposición) y no específicamente sobre el diseño museográfico, por lo cual este se vuelve marginal en estos ejercicios.

Con procesos de evaluación “completos”, en donde algunos de los puntos analizados tienen que ver con el diseño, como es natural, las respuestas llegan cuando ya no sirven para nada o ya no se pueden tomar acciones correctivas. Y lo peor, es que se empiezan a generar una serie de supuestos generalizados que si atentan contra diseños futuros. Por poner un ejemplo, puede que después de evaluar una exposición específica, en la socialización de los resultados se diga que a la gente no le gustó el color porque era muy oscuro. Lo que termina pasando, es que queda arraigada la idea en muchos de los funcionarios del museo, de que a la gente no le gustan las exposiciones oscuras (“acuérdese que en la exposición tal la gente se quejó por eso”), distorsionando negativamente los procesos de diseño posteriores.

Con el prototipo la ventaja es que se hace el ejercicio de entrada con una propuesta de diseño, sobre el cual uno puede decidir si pone a la gente a opinar o no. Es una forma mucho más rápida y directa de saber qué es lo que el público prefiere.

Y ¿Cuáles son las semejanzas?

Cualquier forma de evaluación se parece en que funciona dependiendo de la claridad que se tenga sobre qué es lo que realmente se está buscando y del juicio con el que se haga. Siento que muchas veces se terminan haciendo por cumplir con una obligación sin tener claro por qué y para qué se hizo. Y si uno no tiene claro que es lo que va a sacar de un proceso y cuál es el verdadero objetivo, no importa si es evaluación formativa o prototipo, no sirve para nada.

Cuéntanos cómo han sido algunas de tus experiencias al incorporar prototipos en el diseño de las exposiciones…

Hace unos 3 años empezamos a hacer prototipos en el Museo de la Independencia, en Bogotá, Colombia, para definir aspectos temáticos y conceptuales de exposiciones pequeñas. No estaban enfocados a solucionar aspectos de diseño porque el espacio disponible ya tenía una configuración que era difícil de cambiar. Sin embargo, estos prototipos fueron muy efectivos para resolver cuestiones curatoriales y en últimas hicieron más fácil todo el proceso de toma de decisiones. Sin embargo tengo que decir que, si bien los prototipos iniciaron con mucho entusiasmo por parte del equipo de educación del museo, con el tiempo fueron perdiendo efectividad por que la gran novedad se terminó volviendo rutina.

Ahora en el Museo Nacional, también en Bogotá, que es mucho más grande, los problemas del día a día también más grandes. Como lo urgente no deja tiempo para lo importante, la cantidad de tareas y compromisos simultáneos en cuanto a la producción de diseños para múltiples exposiciones, han hecho que no podamos establecer un programa de prototipado exitoso.

Hace dos meses abrimos un prototipo para una futura sala de exposición permanente, pero de nuevo, el objetivo es mucho más conceptual que de diseño (el diseño de la sala todavía esta tan lejano y los temas están tan poco definidos, que explorar problemas museográficos en este momento no tiene sentido). La sala se llama “Museo-wiki” y es un gran espacio de participación. Toca esperar para ver los resultados.


¿Crees que una evaluación más formal les hubiera llevado a resultados
diferentes? 

En cuanto a las experiencias del Museo de la Independencia, repito que todo depende del entusiasmo del equipo del museo. Lo que empezó siendo súper novedoso y realmente marcaba una diferencia en la experiencia del visitante -porque sentía que podía co-curar una exposición-, terminó en ocasiones siendo un saludo a la bandera. Dadas las circunstancias, una evaluación más formal puede que no alterara los resultados, pero hubiera ahorrado tiempo.

Creo que los prototipos funcionan mucho mejor y son más efectivos que la evaluación formal. Sin embargo, para que funcionen tienen que tener un equipo dedicado exclusivamente a su análisis e interpretación. Todavía no hemos podido llegar a ese punto.

Y desde el punto de vista de los públicos ¿Qué reacciones has visto?

Claramente un prototipo es muchísimo más impactante y hace que el público se sienta mucho más relevante (llenar encuestas o responder preguntas abstractas no se siente generalmente como un gran aporte), mientras que intervenir directamente una exposición por medio de marcadores, tizas y post-its genera una sensación de participación mucho más satisfactoria.

¿Recomendaciones?

Básicamente lo que ya he dicho arriba: no puede ser flor de un día. Tiene que ser un proceso en el que todos los del equipo crean y se sientan comprometidos. Si no es así, no funciona.  

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Fatiga de museo. Antes y ahora

Queridos lectores, no tendrán dificultad en encontrar similitudes entre estas dos imágenes. A cien años de distancia, uno de los problemas identificados por los estudios sobre los públicos de los museos no se ha solucionado del todo ¿Se han sentido agotados durante y tras la visita a un museo? !Es normal!

En 1916, Benjamin Ives Gilman, curador del Boston Fine Arts Museum nombró a este fenómeno como fatiga de museo: el cansancio provocado durante la visita al museo por problemas relativos al diseño museográfico [1]. También, podemos atribuir este cansancio a que la visita al museo es altamente demandante, física y cognitivamente, pero en efecto, el diseño y otros factores no nos hacen la vida mejor.

Entre los aspectos que debería tener un museo abierto y amigable están, de acuerdo con Kathleen McLean y Wendy Pollock: la bienvenida, el confort, y brindar espacios de convivencia. Como parte del confort es básico contar con lugares de descanso ya sea para tomar un receso en la visita o para contemplar las obras: “la importancia de los lugares para descanso no puede ser sobre estimada -asientos variados, móviles, disponibles. De hecho, el museólogo británico Kenneth Hudson predice que los museos que prosperarán en este siglo son los que tengan encanto, y los que tengan sillas”  [2]

La falta de lugares de descanso no es ciencia oculta. Ya lo señalaban Gilman y el museólogo mexicano Alfoso Pruneda quien en 1913 escribió: “[…] arreglo satisfactorio de las entradas y salidas evitando la aglomeración, amplitud de los pasillos para facilitar la circulación, bancas en los salones para descanso y contemplación detenida y por supuesto, el arreglo de los ejemplares, es decir, de las colecciones.” [3].

La pregunta es ¿Toma tantos años solucionar estos aspectos? Aparentemente sí, muchos museos siguen dando prioridad a las colecciones olvidando que existen personas que quieren pasar un rato agradable, conocer y contemplar, que incluso pasarían más tiempo en las salas de los museos si pudieran pausar su visita y descansar.

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Zona de descanso en el Whitney Museum, con vista a una obra y al exterior

[1] Gilman, B. I. (1916, Enero). Museum Fatigue. The Scientific Monthly, 2(1), 62–74.

[2] McLean, K., & Pollock, W. (2011). The Convivial Museum. Washington, DC: Association of Science-Technology Centers. p. 78

[3] Pruneda, L. (1913, Febrero). Algunas consideraciones acerca de los museos. Boletín de La Sociedad Mexicana de Geografía Y Estadística, VI(2), 80–98.

 

Museos: ¿cerrados o abiertos?

En una de las clases que imparto en la Maestría en Museología de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM), en la Ciudad de México, Manuel Gándara y yo pedimos a los alumnos fotografiar ejemplos de “crímenes” en contra de los visitantes de museos.

¿Crímenes? Sí, cualquier atentado u obstáculo a una buena experiencia. El ejercicio resultó interesante. Cada día vemos en los museos aspectos que se podrían mejorar: el tamaño de la letra en los textos de salas, los colores y sus contrastes que no permiten leer, las alturas de los objetos y/o de los textos, explicaciones aburridas llenas de términos técnicos y especializados, malas señalizaciones, etc., etc. Todo aquello que para mí ejemplifica o constata que hay museos cerrados al público.

En contraposición, tenemos museos o experiencias museales, que ilustran cómo los museos pueden estar y ser abiertos al y con los públicos, un concepto que exploré en una entrada pasada (Ver). Aunque el experimento en la clase resultó útil, creo que ahora pediré a los alumnos que documenten e ilustren este segundo rubro para demostrar aspectos de un museo amigable y centrado en sus visitantes, por ejemplo:

  • Dar una bienvenida en el acceso -sea personal o escrita-
  • Proveer evidencias de que se interesan por nosotros:
    • hojas de comentarios, que se consideren en incluso haya retroalimentación
    • buzón de sugerencias en funcionamiento, con papeleta y plumas
    • Proponer temas para interactuar en redes sociales
  • Proveer asientos para el descanso en salas
  • Brindar lugares en los que se pueda convivir, conversar
  • Proporcionar estrategias diversificadas para distintos intereses

Aquí algunos ejemplos míos que me propongo compartir en twitter @LetyPerezCast con la etiqueta #MuseosAbiertos

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En el Museo de la Ciudad de Nueva York informan al visitante qué está pasando y qué podrá ver próximamente #MuseosAbiertos
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En la Exposición La Vanguardia Rusa, Museo del Palacio de Bellas Artes, Ciudad de México, se solicitaba la opinión de los visitantes dentro de la misma sala respecto a temas que se trataban en la exposición #MuseosAbiertos
2016-06-03 13.52.46
En el Museo Whitney de Arte Estadounidense, Nueva York, el personal que asiste a los visitantes indica claramente su función “Estoy aquí para ayudar” #MuseosAbiertos
2015-07-25 16.48.39
En el Museo Museo José Guadalupe Posada, Aguascalientes, México, el amabilísimo personal explica cómo funciona la prensa #MuseosAbiertos

 

 

Probando, probando… el prototipo en exposiciones

El año pasado organicé el Curso Internacional de Estudios de Públicos, en el cual participaron cinco profesoras invitadas especialistas en diversos aspectos de esta área.

Hablaré poco a poco de lo que este curso significó para mí, a nivel personal y profesional, como profesora y como participante. Hoy me quiero referir a las sesiones con Kathleen McLean ¿Quién es Kathy? Desde mi punto de vista, una de las profesionales de museos más influyente en los últimos años, una persona sensible a las necesidades de los visitantes , especialista y consultora en diseño de exposiciones, además de alguien con mucho sentido común y buen humor.

La dos sesiones de Kathy trataron de cómo crear exposiciones con un tipo diferente de evaluación: el uso de prototipos. Esta idea la presentó previamente en el Seminario Permanente de Museología de América Latina, en su 8va edición, en el otoño de 2014. Ese día nos enganchó. Tanto fue así que un colega de Colombia, Camilo Sánchez, encargado del diseño museográfico en el Museo de la Independencia Casa del Florero, se embarcó en la hazaña de diseñar una exposición completa inspirado en lo que vimos [1], yo por mi parte, invité a Kathy a darnos un taller en el marco del Curso Internacional, así que volvió un año después.

La premisa es simple: usar materiales sencillos y baratos para recrear, lo más cercano posible, la experiencia que queremos ofrecer a los visitantes, después, invitar a colegas, amigos, voluntarios a usar lo diseñado, y mejorar el diseño con esta retroalimentación.

El uso de prototipos no es nuevo. Se sugiere utilizarlos en las evaluaciones previas que, de acuerdo a la literatura de los estudios de públicos, tiene lugar en la fase de diseño [2]; sin embargo, por alguna razón se piensa en prototipos elaborados o en evaluaciones más estandarizadas utilizando formatos de observación y retroalimentación formales.

El taller sobre cómo mejorar las exposiciones por medio de prototipos duró dos sesiones. El primer día Kathy habló de la filosofía detrás de esta actividad y nos mostró ejemplos de cómo lo ha aplicado en diversos museos con los que ha trabajado. Para finalizar esa sesión los participantes conformaron equipos y propusieron temas que pudieran desarrollarse y concretarse en un pequeño producto expositivo.

El segundo día cada equipo trabajó sobre su idea. Utilizando papel, tijeras, cinta adhesiva, periódico, dieron vida a los prototipos.Fue una sesión increiblemente divertida. Bajo cierta presión de tiempo y con la idea de tener el prototipo concluido, los equipos trabajaron a muy buen ritmo. Se trataba de contar con la propuesta montada para recibir retroalimentación de los compañeros. He aquí el componente evaluativo, pues se invita a otras personas a ver, usar, interactuar con nuestra propuesta y se recaban sus opiniones de una forma libre ¿Hay una muestra como tal? No, ¿hay formatos pre establecidos para tomar las opiniones de los “visitantes”? No, ¿hay un protocolo? Tampoco.

Para mí se trató de experimentar una evaluación cualitativa y abierta en todo el sentido de la palabra. El prototipo funciona como una sugerencia, un estimulante (en inglés se le llama prompt) que detona una conversación, también abierta, sobre lo que la propuesta detona en los participantes y cómo mejorarlo. Es una forma de comprobar nuestras hipótesis sobre el diseño planteado, si provoca o no lo que esperábamos, si invita a hacer lo que se busca, si las personas se involucran con él.

Un consejo final de Kathy: no preocuparse por producir prototipos acabados, perfectos, de materiales caros, sino en recrear, lo más cercano posible, la experiencia que buscamos promover. Finalmente, como ella dice: la perfección es enemiga de la creatividad.

[1] Se trató de la exposición “Más allá de las imágenes: el poder de la alegoría”, que se inauguró como prototipo en el invierno de 2014 para después reinaugurarse en la primavera de 2015 ya con los ajustes que se derivaron.
[2] Véase por ejemplo Pérez Santos, E. (2000). Estudios de visitantes en museos: metodología y aplicaciones. [Gijón, Asturias]: Ediciones Trea.