Exposiciones que cautivan

El sábado pasado visitamos varios museos de la ciudad de Huamantla en el estado de Tlaxcala, México. La visita fue parte de las actividades del Seminario de estudios y formación de públicos que impartí para el Centro Cultural Mexiquense Bicentenario en el Estado de México. A iniciativa de uno de los alumnos visitamos esta ciudad, Francisco nos comentó que varios de los aspectos que habíamos analizado durante el seminario podían reflexionarse en estos museos. Así que, gracias también a la organización de Samuel quien amablemente coordinó el tema del transporte, nos dirigimos a esta ciudad. Es muy simpático ver cómo cualquier grupo, incluso de adultos, en el momento en el que se pone en modo excursión se transfigura en grupo de niños que buscan divertirse en camino a una experiencia lúdica y de entretenimiento.

Como parte de las actividades planeadas yo había preparado la guía de los Jueces Excelencia de Beverly Serrell [1], quien realizó una propuesta para valorar la excelencia de las exposiciones en los museos. Esta guía destaca cuatro aspectos que podrían valorarse al visitar una exposición, está diseñada para profesionales de los museos dispuestos a realizar visitas críticas desde el punto de vista de los visitantes. Los cuatro aspectos a valorar son: el confort, el grado en que la exposición cautiva, si se refuerza a sí misma y la relevancia que tiene para los visitantes en términos personales.

Si bien esta guía ha sido preparada por colegas en Estados Unidos y aplicada en su mayoría en el área de Chicago, la hemos retomado en diferentes cursos en México para valorar cómo son las exposiciones en relación con los públicos y reflexionar sobre qué criterios se deberían considerar para considerarlas de excelencia. Huamantla fue el ejemplo perfecto de cómo los aspectos y criterios de esta guía no se ajustaban a la realidad de los museos que estábamos visitando. De hecho, quedó claro muy pronto que no podríamos aplicarla en su totalidad. No obstante, pienso que en el nivel general, los aspectos que propone el Marco de los Jueces de Excelencia de una u otra forma podían ser valorados. Me referiré particularmente a nuestra experiencia en el Museo de la Ciudad de Huamantla y en el Museo Nacional del Títere.

El confort. Es increíble como una ciudad pequeña en la que se encuentran museos ubicados de una calle a otra a una distancia accesible a pie hacen de la visita una experiencia realmente atractiva y amena. Los propios edificios en los que están ubicados los museos ofrecen un buen nivel de confort con recorridos que no resultan cansados. Existen sin embargo varios aspectos a mejorar: los apoyos a la orientación espacial y cognitiva que se proveen a los visitantes o también los servicios que se ofrecen, especialmente en el Museo de la Ciudad de Huamantla, se requiere mayor mantenimiento a los sanitarios así como a la conservación de los objetos y mantenimiento de las instalaciones y los cedularios que ahí se muestran. ¡Sí! Estos aspectos también forman parte de la experiencia de visitar un museo.

“Una exposición de excelencia ayuda a los visitantes a sentirse bien física y sicológicamente. El confort abre las puertas de otras experiencias positivas, la falta de confort las evita.”

2016-09-10-11-28-07Aspectos que cautivan. Me parece que éste es el aspecto que más llama la atención en dos de los museos que visitamos. En primer lugar el Museo de la Ciudad de Huamantla, que podría parecerse más a un viejo gabinete de curiosidades o maravillas en donde las personas interesadas por cuidar la memoria y la identidad de la ciudad han ido almacenando toda clase de objetos relevantes desde su punto de vista para la historia. Amontonados algunos, encimados otros, realmente se trata de objetos que nos llevaban a pensar que hacían ahí: una torre Eiffel a escala, una estación de trabajo de odontología antigua, la primera computadora personal comprada para el ayuntamiento, los trofeos de los miembros más destacados de la sociedad -deporte, competencias caninas y bobinas, cantantes, etc.- en fin de lo arqueológico a lo anecdótico con una presentación bastante modesta o incluso falta de cuidado. Y a pesar de ello todos estábamos ahí, fascinados por lo que veíamos, cautivados, reflexionando sobre objetos que llamaban realmente nuestra atención, pensando que si este museo refleja la historia del ciudad, si este museo permite a propios y extraños asomarnos un poco de la identidad de los habitantes de Huamantla. No tengo una respuesta. Pero nos atrapó.

“Una exposición de excelencia cautiva –engancha- a los visitantes. Los invita a poner atención. El involucramiento es el primer paso para encontrar significados más profundos”.

Aspectos de refuerzo. Esto se refiere a qué tanto la exposición y cada una de sus partes nos ayudan a comprender un mensaje global, repitiendo de ser necesario, la información clave al inicio del exposición y en distintos puntos, a la vez diversificando los medios que se usan para transmitir los mensajes principales. Éste quizá sea el punto más débil de estos dos museos, no me parece que sus creadores hayan pensando en un mensaje principal que comunicar, algo que quieran que todos los visitantes nos llevemos. Aunque quizá este aspecto está presente en lo inmaterial, en la hospitalidad del personal en todos los museos, fue realmente una constante sentirnos bienvenidos en los accesos, durante la visita, con las personas que nos atendieron, quizá en este sentido sí hay aspectos que refuerzan esta idea una y otra vez a lo largo de la visita.

“En una exposición de excelencia, se ofrecen a los visitantes  múltiples oportunidades para alcanzar o entender exitosamente los contenidos y para sentirse intelectualmente competentes, ir más allá de un “wow”. Además, la exposición tiene varios puntos de “refuerzo” dando oportunidad de acceder a partes similares de información pero de diferentes formas, cada parte forma un todo. Los visitantes se sienten confiados de tener experiencias significativas”

Relevancia. Este aspecto se refiere a qué tanto las exposiciones están enfocadas en torno a el interés de los visitantes en términos personales, relevantes, significativos. Quizás el Museo de la Ciudad no cubrió tanto este criterio como el Museo Nacional del Títere. No fue posible visitarlo todo por estar en remodelación, con la tarea de terminarla antes de que inicie el Festival Internacional del Títere en octubre próximo. Este museo guarda una colección muy particular perteneciente a la familia Rossete Aranda que durante más de 100 años impulsó la manifestación teatral con el uso de marionetas. Está lleno de objetos que también nos cautivaron, pero además de historias que nos tocaron, a nivel personal con recuerdos de nuestra infancia y a nivel de identidad con fragmentos de la historia del país: esos soldados del desfile del 15 de septiembre cada uno distinto al otro, la pelea de gallos, el circo, la orquesta. Escenas de la vida cotidiana que aún ahí congeladas en las vitrinas nos hacían sentir realmente emocionados -no me quiero imaginar cuando estos objetos cobran vida-. Además el museo presenta otra serie de objetos que, aunque no pertenecieron a la Compañía Nacional de Autómatas de los Rossete Aranda han sido incorporados a su colección y son muestras de esta manifestación a lo largo y ancho del mundo. De verdad un museo que no se pueden perder.

“Una exposición de excelencia provee experiencias que son relevantes en términos personales para los visitantes. Más allá de sentirse involucrados y sentirse competentes, los visitantes se pueden sentir cambiados, cognitiva y afectivamente, en términos inmediatos y a largo plazo.”

Nuestro día en Huamantla fue una experiencia única, no sólo por los elementos que he comentado. Tuvimos la suerte y el honor de ser guiados por un embajador de la ciudad, el hoy cronista señor José Hernández Castillo, quien desde nuestra llegada al Museo de la Ciudad amablemente guío la visita y nos develó rincones, historias y personas especiales de esta ciudad. Se ha señalado en varias ocasiones el gran valor de la interpretación personal, es decir aquella ejecutada por personas,  guías, mediadores. Y es que ellos develan para nosotros esos misterios y esos valores imbuidos en el patrimonio que no son fáciles de descifrar a primera vista, Don José hizo un trabajo extraordinario. El gran reto para los museos es traducir esta riqueza a otros medios para que los visitantes que no tengan la suerte que nosotros tuvimos puedan acceder a las historias, las anécdotas, el orgullo y la hospitalidad de este lugar y su cultura.

Es un hecho que los museos visitados tienen un tramo que recorrer. Se aprecian carencias y muchos aspectos que se podrían mejorar, no obstante creo que brindan una oportunidad sensacional para una experiencia verdaderamente rica.

Gracias a Francisco por la sugerencia, a Samuel por la organización del transporte, a Angélica por las gestiones, y a todo el grupo por su interés y disposición durante el Seminario. Lo disfruté y aprendí mucho. Por supuesto a Don José.

A pesar de muchos lados oscuros de nuestro país, cada momento encontramos gente valiosa por la que sí podemos decir ¡Viva México!

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[1] Serrell, B. (2006). Judging Exhibitions: A Framework for Assessing Excellence. Walnut Creek, Calif: Left Coast Press

*Las traducciones de las frases entrecomilladas son mías.

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Públicos y museos ¿qué hemos aprendido?

Hace unos años cuando comenzaba a incursionar en el ámbito de los estudios de públicos de museos por invitación de mi entonces profesora en la Maestría en Museología de la ENCRyM, Ana Hortensia Castro, teníamos a mano muy pocos recursos.

Era el año 2002 y las publicaciones a las que se tenía acceso eran principalmente españolas. A excepción de algunos textos clásicos traducidos al español como el libro de Eilean Hooper-Greenhill Los museos y sus visitantes [1], la mayoría de la literatura estaba en inglés. No sólo eso, era difícil de conseguir, tanto por limitantes en la distribución como por los altos precios.

Los trabajos publicados en México apenas alcanzaban unas pocas referencias ampliamente conocidas, y se sabía de otros estudios por menciones secundarias o de palabra, no siempre fáciles de localizar.

Hoy día, a más de una década de distancia parte de esta situación ha cambiado. Llegaron Amazon, Kindle, Google Books, se intensificó el uso de las redes sociales y los foros públicos para compartir productos académicos como ResearchGate o Academia.edu. La creación de repositorios digitales con estándares de indexación internacional ampliaron nuestra capacidad de búsqueda y las posibilidades de localizar textos. Las asociaciones profesionales en torno al tema y las instancias gubernamentales que trabajan en éste también han permitido el acceso a recursos varios. Incluso las revistas especializadas que no son de acceso libre permiten la previsualización de contenidos y la posterior compra del artículo. Hoy se corre más el riesgo de perderse en este mar de información que el de no encontrar recursos útiles a nuestros temas de estudio.

No obstante, otra parte de la situación no cambió tanto. Si bien en México se intensificó el uso de los estudios de públicos como herramienta, principalmente para conocer a los visitantes, pero también -en contados casos- para la planeación o evaluación de proyectos expositivos o incluso nuevos museos, no se han incrementado sustancialmente la publicación y/o difusión de éstos. Aún enfrentamos problemas para allegarnos de esa información o bien de acceder a literatura adhoc para nuestros contextos.

La seLibro públicosrie “Estudios sobre públicos y museos”, publicación electrónica de libre acceso de la ENCRyM, busca crear un foro de socialización de la investigación sobre los públicos y visitantes de museos y otras instituciones afines. El jueves 1 de septiembre se presentará el primer volumen, una compilación introductoria de estados de la cuestión referentes a distintos aspectos de la relación públicos y museos: el propio campo de estudio y su evolución en el tiempo, las consideraciones en torno a estrategias de comunicación empleadas en los museos cuando se piensa en los visitantes, las redes sociales como medios de difusión y las características de algunos tipos de públicos.

Con prólogo de Nayeli Zepeda, artículos de Belén Zuazúa de Loresecha, Galia Staropolsky Safir, Liliana Flores Ayala Sandra, Manuel Gándara Vázquez, Melissa Lara Flores, Mildred Muñoz Briones, Monserrat Narváez Naranjo, Myhrra Duarte Rodríguez Malpica, Silvia Monserrat Ramírez Maruri y el mío propio, el volumen integra un mapa introductorio para quienes desean comenzar en este campo o para profesionales que trabajan en los museos y desean informarse acerca de éstos aspectos en relación con los visitantes.

La presentación tendrá lugar en el Aula Magna de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, General Anaya 187 Col. San Diego Churubusco, Coyoacán. Ciudad de México a las 18:00 hrs. También se transmitirá en línea a través del canal YouTube de la Escuela Ir al enlace

[1] Hooper-Greenhill, E. (1998). Los museos y sus visitantes. Trea, Ediciones, S.L.

Objetos museales ¿Vivos o muertos?

Recientemente fui invitada a participar en las Mesas de Discusión Teórica que organiza la Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural, con el tema: Uso y función del patrimonio “viviente” en museos. Debo decir que fue muy interesante pensar en estos términos y hablar de los objetos de museos y su “vida” desde las aportaciones que ha hecho la museología.

Para abordar el tema retomé un texto que había escrito con anterioridad: ¿El mundo es un gran museo? el cual presenté como primera parte de la reflexión. Fue útil hablar de la transformación del concepto museo para de ahí derivar la reflexión sobre los “objetos” que contienen. Así, en esta entrada presento la segunda y tercera parte de esa reflexión.

Primera parte: ¿El mundo es un gran museo? 

Segunda parte: los espacios museales, los objetos museales

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Esta noción de espacio museal ha sido necesaria para entender a una institución que ha mutado con adaptaciones a un medio y a una sociedad cambiante. Si en sus primeros años los museos estaban fuertemente enfocados a la conservación y estudio de los objetos –con la exhibición y la educación como tareas marginales, hoy en día las propuestas han llegado a la aparente paradoja de espacios designados como museos que incluso carecen de objetos y colecciones. El término “museo” quedó entonces corto para un fenómeno que desbordó los límites claros y las paredes de la arquitectura de cánones clásicos y a la vez transformó lo que se ha definido como objeto y colecciones museales.

Elaine Heummann Gurian, museóloga estadounidense, en su texto: Cuál es el objeto de este ejercicio: una exploración serpenteante por los muchos significados de los objetos en los museos [“What is the object of this exercise. A meandering exploration of the many meanings of objects in museums”] publicada en la serie de artículos compilados en el libro “Civilizing the museum”, nos lleva de la mano por una exploración de los diversos significados de los objetos en el ámbito museal. La conclusión, que no revelaré desde ahora, los puede sorprender.

Me interesó el texto de Gurian porque me fue posible alinear una serie de cuestionamientos que desarrolla de manera brillante en su texto con las preguntas que detonan la discusión en esta mesa. Preguntas en las que mis colegas -Begoña Muerza y Octavio Murillo- ahondaron más. Por mi parte quisiera guiarles por las ideas de la autora en torno a los objetos ¿Qué hace a un objeto un objeto de museo?

Para Elaine la definición del objeto en el pasado era fácil y en torno a ésta, venía la privilegiada responsabilidad en los museos de atender la adquisición, conservación, seguridad, exhibición, estudio e interpretación de estos. Era fácil porque se trataba de “las cosas reales”, se utilizaban palabras como único, auténtico, original, genuino, actual. Las cosas se coleccionaban por su relevancia, se encontraban enmarcadas dentro de la historia del mundo: natural, cultural o artístico. No obstante, las cosas reales tenían más de un significado, a veces podían ser “un objeto único” o “único en su tipo” o bien “un ejemplo de” es decir un “ejemplar” Ambos tipos de objetos: únicos y ejemplares fueron incorporados a las colecciones.

A medida que el museo fue perdiendo solidez como definición y comenzó a adoptar a otros espacios que compartían tareas – como hemos visto zoológicos, jardines botánicos, etc. -, las definiciones de colección y de objeto también adquirieron propiedades más bien flexibles que sólidas ¿Los grupos de animales y plantas vivos podrían ser consideradas colecciones? Varios de estos cambios tuvieron lugar con propósitos de acreditación ante instancias como el propio ICOM o la Asociación  Americana de Museos. Ser un espacio acreditado como museo proveía beneficios. Las cosas se pusieron más interesantes. El texto de Gurian nos muestra que incluso algunas instancias como las galerías que no poseían colección propia también se incluyeron en la definición museo. Otros objetos creados en espacios como los centros de ciencia que se produjeron para mostrar ciertos fenómenos científicos con el paso del tiempo han llegado a ser colecciones relevantes para la historia de las disciplinas

¿Sólo aquellos objetos que han sido trasportados desde un lugar distinto al propio museo son considerados objetos de museo? Se pregunta la autora ¿Y los que fueron creados dentro del propio museo? ¿O los que quedaron atrapados in situ cuando el espacio se declaró como bien patrimonial o museal?

Aquí cabe extraer del texto que se me proporcionó como guía para la reflexión de esta mesa la parte en donde se dice: “existen circunstancias en las que ciertos bienes culturales son separados de su contexto para formar parte de una colección de museo” Paul Philippot recomienda que: “El reconocimiento del valor y del contexto [del patrimonio cultural] conduce lógicamente al principio de que cada objeto debe, cuando sea posible, ser conservado in situ. Mantener los objetos en la casa de un prócer a la que se le convierte en museo es mantener su contexto y sin embargo, ¿el proceso museal está afectando su vida? ¿Lo mismo vale decir de un templo o convento que ha pasado por procesos similares?

El texto guía también menciona que para Herb Stovel y otros autores, el patrimonio cultural “viviente” o “vivo” se refiere a sitios o bienes culturales que se encuentran en pleno uso dentro de su contexto original. Y Philippot es enfático cuando dice que el objeto nunca debe ser privado de su contexto si queremos impedir que quede aislado y “Musealizado”, separado de la vida ¿Los objetos mueren cuando se trasladan a un museo? ¿O adquieren una nueva vida? Es decir, en este símil, ¿reencarnan en algo más?

Debemos recordar que no necesariamente son separados por voluntad, muchos objetos transitan por diversos contextos y la suerte que corren es más bien indeterminada, la manera en cómo han sido “separados de su vida” es algo que se aborda desde la arqueología y desde los estudios sobre la cultura material, con una corriente que se refiere a la biografía cultural de los objetos. Para Néstor García Canclini, entender cómo los objetos artesanales adquieren una nueva dimensión transformando por ejemplo una olla de cocción a florero o un textil utilitario a obra de arte enmarcada, no debe conducir necesariamente a sostener que el significado del objeto se perdió, más bien se transformó, cuando al pasar de un sistema cultural a otro adquirió nuevas relaciones sociales y simbólicas, en una circulación de bienes y mensajes que reestructuran sus significados.

Tercera parte: las preguntas de esta mesa, y más preguntas

Desde mi punto de vista, en efecto, aún el patrimonio “viviente” que se incorpora a un museo o queda atrapado en él, adquiere nuevos usos y funciones y por ende una nueva vida. Si en esta nueva vida está condenado a ser pieza de aparador muda será otra cosa a cuestionar o si tendrá por así decir un “médium” que le haga hablar a través de una re contextualización que emula su función original o bien que interpreta los múltiples significados que pudiera tener en distintas etapas de su biografía, también es algo por analizar.

Para la segunda pregunta planteada por los organizadores de la mesa: ¿Qué papel tienen los actores sociales originales en este cambio de contexto? Regreso al texto de Elaine. A lo largo de las preguntas que plantea y mediante las que va elaborando su argumento, llega al punto al que han conducido las denominadas “nuevas museologías” es decir aquellas que rompieron con el paradigma predominante del museo templo –Así denominado por otro autor, Duncan Cameron-. Nótese que hablo de ellas en plural porque no sólo existe la Nueva Museología, una corriente establecida y muy identificada con las aportaciones que desde el ICOM hicieran los contextos francés y latinoamericano, sino de otras tantas propuestas anti hegemónicas que dan cabida a las mutaciones contemporáneas del museo a las que me he referido con anterioridad.

A partir de cierta crisis vivida en el museo hacia los años 60 del siglo pasado, las prácticas más comunes en los museos fueron cuestionadas. La autora se pregunta: ¿cómo se preservarán mejor los objetos? ¿Todos los objetos se conservan mejor si se dejan sin usar?¿De quién son las reglas para la conservación de las colecciones? ¿De quién es la propiedad de dichas colecciones? ¿Quién dice que todos los objetos deban ser conservados? ¿Qué se conserva?: ¿los objetos? ¿o las prácticas que se recrean por medio de estos?

Las corrientes contemporáneas de los museos dieron lugar y cabida a muchas de estas discusiones, por ejemplo, admitiendo el derecho de propiedad de los pueblos originarios sobre colecciones que les fueron “expoliadas” o apropiadas bajo criterios de investigación científica. Especialmente sensibles han sido las restituciones de restos humanos.

En otras ocasiones han habido acuerdos: el museo queda como custodio de los objetos pero admite prácticas rituales en torno a éstos dentro de sus propias instalaciones. Por ejemplo, en Canadá se estableció el Task Force on Museums & First Nations para el trabajo colaborativo entre las comunidades “fuente” y los profesionales de museos. En el Museo Canadiense de la Civilización cada determinado tiempo los miembros de las etnias acuden a realizar rituales y los depósitos de colecciones están regidos con costumbres como las de no admitir mujeres menstruantes en determinados periodos del año. Estas prácticas por supuesto generan nuevas preguntas ¿Se pueden organizar exposiciones con objetos procedentes de estas comunidades fuente sin su permiso? ¿Qué aspectos problemáticos detona el tema de la propiedad cultural? Si la colección es mía ¿La puedo tener de regreso? -continúa Gurian.

Un caso paradigmático ha llevado este tipo de prácticas al interior de los museos pero de forma institucionalizada. Me refiero al Museo Te Papa Tonwarega de Nueva Zelanda, en donde a partir de su reubicación en el puerto de Wellington se instituyó como un museo bicultural en el que conviven formas museológicas occidentales con formas tradicionales maoríes en el tratamiento de los objetos.

El museo cuenta con curadores de este grupo quienes son los responsables del manejo de sus objetos, a los que atribuyen un alma o vida llamada “mana”. Los objetos merecen ser tratados como respeto y se les rinden ciertos rituales incluso cuando son transportados a otras sedes como parte de las exposiciones internacionales.

Tal fue el caso de la exposición Etu Ake, Orgullo maorí. Presentada en París, México y la Ciudad de Québec. Un alto funcionario maorí, especialmente facultado para realizar cierto tipo de ceremonias acompañó a la delegación de comisarios que montaban la exposición para realizar las ceremonias en los eventos inaugurales. Dependiendo de cada contexto la ceremonia fue adoptada con mayor o menor recelo, por ejemplo en París, en el Museo del Quai Branly no fue tan sencillo, en el museo se tuvieron discusiones respecto a cuál era la diferencia entre admitir una ceremonia de este tipo y otro tipo de ceremonias religiosas. Por el contrario en México, el evento incluso abrió la puerta a grupos que normalmente no son admitidos como parte de una ceremonia cívica como lo es la inauguración de una exposición.

Las prácticas maoríes trascienden el contexto específico de sus objetos culturales. Por ejemplo, al terminar la exposición temporal Gallipoli exhibida actualmente en Te Papa, el visitante puede lavarse las manos al concluir la visita. Desde el punto de vista maorí los objetos guardan cierto poder, y aquellos objetos del pasado, especialmente los que aluden a la vida y la muerte, están fuertemente cargados de energía, de la cual es necesario desprenderse tras el encuentro. Estos lavamanos existieron en la exposición Aztecas que se exhibió en este mismo museo, y se encuentran a la salida de los depósitos de colecciones en el propio museo.

Otro ejemplo es el de la ceremonia que se realizó en instalaciones del Museo Australiano al finalizar la exposición Aztecs. Conquest and Glory, cuyo fin era el buen regreso de las colecciones a México.

Estas dimensiones han sido analizadas desde conceptos como el de las “zonas de contacto” término aplicado a los museos por James Clifford, quien señala que se trata de un intento por invocar la presencia conjunta en el espacio y el tiempo de sujetos que han sido separados por disyuntivas geográficas y culturales y cuyas trayectorias ahora se intersectan. Los museos –con esa definición gelatinosa de la que hablé- cada vez más son lugares límite entre diferentes mundos, historias y cosmologías, nos dice Clifford.

En los casos canadiense y neozelandés me parece que el encuentro ha sido posible por un espíritu de reconciliación, no estoy segura si en México sucedería lo mismo. Por ejemplo, Raúl Barrera, curador de la exposición de Aztecas que he señalado, menciona, al reflexionar sobre lo vivido en Nueva Zelanda y su experiencia en México que: “En México, los pueblos indígenas son tratados como el ‘otro’ y exhibidos en el Museo de Antropología, no hemos encontrado nuestra identidad como nación incluyéndolos”.

¿El patrimonio puede “vivir” en los museos? Desde mi modo de ver sí, en tanto que la materialidad física del objeto y sus sentidos permanezcan, aunque sus significados se reelaboren. En el caso de prácticas que involucran el uso de los objetos que pueden llevar a su deterioro, si lo relevante es la práctica, es ésta la que se convierte en el objeto de la conservación, su muerte sería su desaparición del ámbito cultural. Hoy en día, entiendo, los procesos de documentación son parte también de la conservación.

Y los objetos no siempre son el centro de los museos. Esta es la conclusión de Elaine, para ella, lo que importa son tanto la espacialidad del lugar como las memorias y las historias que son contadas. Los espacios museales, pero en especial los museos, nos dice Gurian: son espacios que almacenan la memoria y presentan y organizan significados en alguna forma sensorial, espacios de congregación con la habilidad de reunir grupos multi generacionales para experimentar cosas juntos: una evidencia colectiva de que estamos y estuvimos aquí.

Fuentes consultadas

Cameron, D. F. (2004). The Museum, a Temple or the Forum? In G. Anderson (Ed.), Reinventing the Museum: Historical and Contemporary Perspectives on the Paradigm Shift (pp. 61–73). Rowman Altamira.

Clifford, J. (1997). Routes: travel and translation in the late twentieth century. Cambridge, Mass: Harvard University Press.

García, C. N. (2004). Diferentes, desiguales y desconectados: Mapas de la interculturalidad. Barcelona: Gedisa.

Gurian, E. H. (2006). Civilizing the Museum: The Collected Writings of Elaine Heumann Gurian (1 edition). London ; New York: Routledge.

 

Interpretar ¡Cualquier oportunidad es buena!

La interpretación y las estrategias asociadas a ella llegaron en algún momento al museo. No se trataba tan solo de exhibir -a través del despliegue en las vitrinas de maravillosos objetos-; tampoco de sólo comunicar -a través de los textos en las cédulas- o de tener una visión acotada del potencial educativo del museo -en los talleres y actividades dedicadas únicamente a escolares-, sino de traducir, facilitar, invitar, sorprender o presentar aspectos relevantes que inviten a la reflexión.

La interpretación va un poco mas allá de la comunicación. A manera de una traducción de un idioma a otro, nos dice mi colega y amigo, Manuel Gándara, la interpretación busca un lenguaje adecuado para comunicar términos complejos, científicos, técnicos o artísticos para que un público diverso los comprenda. Es un vehículo de empatía, diría yo, para aceptar que no todos tienen los conocimientos previos requeridos al acercarse a un museo; pero sobre todo, para mostrar a las demás personas lo que nos apasiona a algunos: antropólogos, arqueólogos, historiadores, historiadores del arte, curadores, científicos, artistas, etc., también para descubrir lo que les apasiona a ellos y tender puentes.

Aquí les comparto un ejemplo de una estrategia que me encantó, porque cualquier oportunidad es buena para interpretar. A mí me sorprendió y me emocionó.

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Cubo de escaleras en el Museo de la Ciudad de Nueva York ¿A poco no da curiosidad ver qué hay dentro? ¿Por qué es emocionante?
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El tamaño de las fotos piso a techo, las frases seleccionadas, realmente sorprenden

 

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Además induce al ejercicio: no tomen el elevador, miren lo que hay por aquí

 

Los Aztecas en Oceanía. Exposiciones internacionales y diálogo interculural

El pasado miércoles 28 de junio presenté los resultados -yo diría avances- de investigación de este proyecto: una investigación sobre encuentros y trabajo intercultural, que es a la vez un ejemplo de un encuentro y una colaboración intercultural.

Me explico. Se trata de un proyecto realizado en colaboración por Lee Davidson, profesora del Programa de Estudios sobre Museos y Patrimonio de la Universidad Victoria en Wellington, Nueva Zelanda, y por mí, profesora del Posgrado en Museología de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía del INAH.

 

Es uno de los pocos estudios que abordan los efectos de una exposición internacional itinerante, tanto desde su producción -por medio de la práctica museológica- como desde su recepción -a través de las experiencias de los visitantes-. Se lleva a cabo un análisis de largo plazo para ayudar a entender cómo es que las exposiciones internacionales contribuyen o no al entendimiento entre culturas, y cómo colaboran los equipos de profesionales que participan en éstos complejos proyectos para llevarlos a cabo.

Quiero agradecer a todos los que vinieron por acudir en un miércoles lluvioso -incluso tormentoso- en la Ciudad de México, tomarse el tiempo para asistir y por enriquecer mi visión con sus comentarios. Para los que no estuvieron, les ofrezco una reseña ultra breve en diez puntos.

  1. El título de la conferencia desde ya hace dos concesiones interculturales: Lo correcto es mexica en lugar de azteca, pero es el nombre más conocido de esta cultura a nivel mundial. Lo correcto es Australasia en lugar de Oceanía, pero pocos sabemos que Nueva Zelanda y Australia conforman ésta área geográfica específica.
  2. Se analiza la exposición Aztecs. Conquest and glory en su itinerancia en Te Papa Tongarewa Museum Nueva Zelanda (Septiembre 2013 – Febrero 2014), Melbourne Museum, Australia (Abril – Agosto 2014) y Australian Museum, Sydney, Australia (Septiembre 2014 – Febrero 2015) realizada en colaboración con el Instituto Nacional de Antropología e Historia.
  3. Presenté: a) el proyecto de investigación, conformado por el problema que aborda, el caso de estudio, las preguntas de investigación y el contexto. ¡Sí lo sé! No suena tan apasionante, pero estuvo entretenido, b) Cómo se llevó a cabo, es decir la metodología de la investigación y c) Los resultados, es decir lo que encontramos.
  4. Se ha pensado que las exposiciones internacionales pueden ser lugares que favorecen el diálogo intercultural y el entendimiento entre países. Así lo piensan los países que los organizan tanto como los gobiernos que las apoyan como parte de la diplomacia cultura. Pero, no se ha investigado y no se conocen los efectos de estos proyectos de gran escala y altos presupuestos.
  5. Aunque las exposiciones internacionales tienen como uno de sus propósitos combatir los estereotipos, esto no siempre se logra, al contrario los pueden llegar a reforzar. Los enfoques que presentan a las culturas antiguas -en este caso los mexicas- en toda su complejidad, contextualizando sus prácticas pueden ser más efectivos que mostrar a los objetos aislados destacando sólo su belleza.
  6. Nuestra estrategia de investigación es cualitativa de largo plazo e incluye un enfoque reflexivo considerando los contextos de los que provenimos Lee y yo, los que por supuesto influyen en la forma en la que nos relacionamos y llevamos a cabo la investigación. Afortunadamente ambas hemos visitado el país de la otra. Adicionalmente contamos con la colaboración de estudiantes: Alice Meads, Universidad Victoria,Tesis: Aztecs at Our Place: Meaning-making in an international touring exhibition; Rosa Elba Camacho, ENCRyM, tesis en desarrollo: El encuentro entre sujetos y objetos como detonador de contacto intercultural en la Exposición Internacional Aztecs, en dos ciudades de Oceanía, Greta Morales y Edith Quiñones, Servicio social, Traducciones, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.
  7. Vemos a las exposiciones desde una perspectiva de contacto en el contexto de la movilidad y la circulación. Las exposiciones itinerantes como todo viajero tienen un hogar y un destino, tienen su propia biografía, en sus trayectos las muestras cambian y responden a los diferentes contextos a los que llegan.
  8. Realizamos 118 entrevistas a profundidad, con profesionales que conformaron los equipos de trabajo de las distintas instituciones que colaboraron en Australasia y México, y con visitantes de las tres sedes de la exposición, estas últimas se llevaron a cabo después de su visita -alrededor de 22 días en promedio- y con una entrevista de seguimiento entre 6 y 10 meses después. Les dije !tenemos una perspectiva de largo plazo!
  9. Algunos resultados -ultra súper resumidos-. Esta exposición permitió acercamientos: en varios casos hubo un cambio de percepción sobre lo que los visitantes perciben de los Mexicas, y de la cultura mexicana hoy día; promueven relaciones locales con comunidades específicas y se crean conexiones entre los trabajadores de museos que colaboraron. Pero también se crean conflictos: cómo enfrentar lo desconocido, cómo comprender otros esquemas de pensamiento, por ejemplo el sacrificio humano; o cómo es que en las colaboraciones entre profesionales de distintas culturas hay conflictos y malos entendidos.
  10. A manera de conclusión personal:
    • Aprendí y sigo aprendiendo muchísimo.
    • Agradezco la coincidencia ¿estudios de público y exposiciones internacionales? ¡Sí! Se cruzan y son las dos áreas en las que he estado trabajando los últimos 12 o 13 años (Wow, ya me arrepentí de develar este dato)
    • Detectamos una necesidad de capacitación muy importante en el desarrollo de habilidades del diálogo intercultural. Por dos razones primordiales. Primera, porque hoy en día hay una intensificación de las labores internacionales de los museos, principalmente expresadas en la organización de grandes proyectos expositivos que viajan por el mundo, pero también, por ejemplo, en la atención que se puede dar en los grandes museos a públicos de otras culturas -turistas-. Segunda, porque las diferencias culturales no sólo son geográficas. El diálogo y el entendimiento son necesarios en todos los ámbitos: profesionales de museos / públicos, restauradores / museógrafos, personas de distintas edades, etc.
    • Es necesario establecer caminos que mejoren la colaboración.
    • Si la diplomacia cultural busca crear relaciones de largo plazo, se deben analizar a mayor profundidad los mensajes y la imagen que queremos comunicar: los sentidos que produce una exposición en sus visitantes son demasiado importantes para dejarlos al azar. ¿Reforzar el estereotipo y crear “ruido” en el entendimiento del otro en lugar de disminuirlo y abrir canales para el acercamiento y el entendimiento mutuo? ¡No por favor!

Si quieren saber más les recomiendo visitar el blog del proyecto (Aquí) o leer el artículo publicado en la revista Intervención (Por acá).

 

¿El mundo es un gran museo? #TBT

En la sección  #TBT ThrowBackThursday les comparto un texto que escribí en 2002. Nunca fue publicado y aún lo siento vigente.

¿El mundo es un gran museo?

Áreas naturales resguardadas, centros históricos declarados patrimonio de la humanidad, aldeas y comunidades protegidas por algún organismo nacional o internacional, arte público y arte en las calles ¿Podemos decir acaso que el mundo es un gran museo?

Aterrorizados algunos gritarían ¡no!, vanagloriados otros dirían ¡sí!, pero la mayoría de la gente común no tendría nada que responder al respecto. Los museos, al menos en México, han sido enormes mausoleos del aburrimiento de varias generaciones de escolares que van a ellos como ejércitos copistas de información o como coleccionistas de sellos a la salida y a veces a la entrada de estos recintos, para que el profesor crea que hicieron la tarea.

A nivel mundial, ese gran museo-templo que resguardaba los objetos más preciados de las naciones, a manera de cámara de maravillas, comenzó a recibir grandes críticas desde diversos ámbitos; en nuestro país, comenzamos a encontrar esfuerzos encaminados a dinamizar al museo, acercarlo al público y quitarle un poco de su seriedad.

Nuevas propuestas llegan a los espacios conocidos, otras nacen con identidades propias y algunas más casi llegan sorprendiéndonos por su atrevimiento.

Mientras tanto, los teóricos del museo se debaten por encontrar una definición que de cabida a tal diversidad. Así, el ICOM (Consejo Internacional de Museos perteneciente a la UNESCO) define al museo como: “un institución permanente, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y su desarrollo, abierta al público, que adquiere, conserva, investiga, difunde y expone los testimonios materiales del hombre y su entorno para la educación y deleite del público que los visita”.

Sin embargo, desde 1968 se admite que esta definición también incluye a las galerías permanentes de exposición que dependen de bibliotecas públicas y centros de exposición; monumentos históricos, tesoros de iglesias, yacimientos históricos, arqueológicos y naturales – siempre y cuando estén oficialmente abiertos al público-; jardines botánicos y zoológicos, acuarios, viveros e instituciones que exponen especimenes vivos así como a los parques naturales.

Una gran variedad de lugares inimaginables han sido calificados como museos. Por ello reitero esa terrible amenaza del mundo entero convertido en un museo. Pero ¿Qué diferencias y qué semejanzas hay entre estos sitios de esparcimiento y/o aprendizaje? Vayamos más allá….

“Las rejas de Chapultepec son verdes, son verdes…” dice una canción popular mexicana; pero, desde el año 2002 han servido además como escaparate o galería abierta en el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México. La primera exposición presentada en este espacio: La tierra vista desde el cielo, proyecto del fotógrafo Yann Arthus-Bertrand fue una de las muestras más visitadas de México, ya que se calcula que casi 800,000 mil personas admiraron las fotografías al pasar frente a este corredor.

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Galería abierta de las Rejas de Chapultepec [1]
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Proyecto Agua Wasser,2002 [2]

Los protagonistas de Nacidos en el viaducto, un sketch de los años ochenta presentado en el programa de televisión mexicano la Carabina de Ambrosio, quienes se vieron obligados a hacer su vida en medio de un embotellamiento, tampoco podían imaginar los muros de su improvisada vivienda decorados por los murales del proyecto de arte público Agua Wasser.

 

Tomando estos dos ejemplos ¿Es posible decir que el Paseo de la Reforma o el Viaducto se han transfigurado adoptando la forma de un museo? Definitivamente no.

Este debate tiene una salida para dejar atrás las confusiones: sencillamente no son museos, como tampoco lo son los zoológicos, los jardines botánicos o los centros históricos, y no son museos porque sus características y formas son distintas, aunque no por ello se niegan sus semejanzas.

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Un auto se detiene sobre el Paseo de la Reforma, son las once de la noche de un día que pasa del caos a la calma en la Ciudad de México, el conductor enciende las luces intermitentes del vehículo y avanza lentamente, el tripulante observa las fotografías exhibidas en las rejas del Bosque de Chapultepec usadas como el muro de una gran galería. El transcurso del tiempo lineal se rompió por un instante para dar paso a un momento de reflexión, el objeto –la foto- y el sujeto –el conductor- tienen un encuentro casual. De otra forma el conductor hubiera seguido de largo. Vemos cómo se ha creado otra atmósfera, algunas reflexiones y quizá algunos sentimientos afloraron.

Estamos hablando de algo denominado el espacio museal, un concepto más amplio que abarca la gran diversidad de lugares en los cuales se llevan a cabo estos encuentros y desencuentros entre sujetos y objetos de una forma que se aleja de la relación normal que guardamos con ellos, en donde media la exposición como intención comunicativa de otros que nos quieren contar algo.

Dentro de los espacios museales podemos encontrar al museo en todas sus variantes, desde el más clásico hasta el más novedoso, desde el que resguarda el patrimonio de una nación hasta el que busca transmitir conceptos científicos, podemos ubicar también a espacios que exhiben arte efímero como el Laboratorio de Arte Alameda, los foros de arte contemporáneo, las calles donde se exhibe el arte público, las zonas arqueológicas e históricas, los zoológicos y jardines botánicos.

Basta ya de la pelea por ostentar el nombre MUSEO en las marquesinas de la cultura o por evitar a toda costa que algún espacio caiga en el estigma de ser nombrado como tal. Demos a cada lugar su propia personalidad.

El museólogo Jorge Reynoso nos da un ejemplo muy ilustrativo sobre aquel objeto que sale de la cotidianeidad y que por ello adopta un carácter museal:

“Un objeto museal puede ser una moneda. Recuerdo mucho la canción de abre el ropero abuelita de Cri-Cri: ‘hay qué bonita espada de mi abuelo el general’. Esa cosa del ropero, de la abuelita, de la llave, del estar revelándosele a uno un sentido de la historia, o de la familia, o de la identidad, que no tiene que ver con el sentido del transcurso del tiempo cotidiano y enajenante, ese es un objeto museal”[3].

El espacio en donde esta relación ocurre se torna por momentos un lugar especial: permanente, temporal o efímero. Dichos espacios, robados al curso cotidiano han existido por siglos, en el XIX se institucionalizaron bajo el modelo del Museo – templo, icono de la modernidad y difusor de las narrativas de progreso e identidad de los estados naciones-, en el XX ese modelo clásico fue criticado y confrontado, evolucionando, cambiando; en el XXI podemos darnos cuenta que incluso tiempo atrás el fenómeno museal rebasaba ya los límites de cuatro paredes. Se abre al exterior, innova en las propuestas, toma por asalto los parques y paseos públicos, los camellones y los arroyos vehiculares.

Y sin embargo, no, el mundo no es un gran museo. Debemos reservar también los espacios comunes, debemos habitar lo ordinario para sorprendernos ante lo extraordinario. Debemos tener el ropero de la abuelita bajo llave para decir, parafraseando a Jorge Reynoso: “toma el llavero abuelita y enséñame tu ropero”, y ser capaces todavía de maravillarnos ante su contenido.

[1] Tomada de: http://www.mexicoescultura.com/actividad/149558/
memoria-fotografica-de-mexico.html 

[2] Tomada de http://www.jornada.unam.mx/2002/06/03/16an1cul.php?printver=0

[3] Reynoso, Jorge (2002) Entrevista realizada por Martha Jarquin, Leticia Pérez y Cynthia Hernández para el trabajo: Museos y posmodernidad, Maestría en Museología, Escuela Nacional de Conservacion, Restauración y Museografía. Museo de Ciencias y Artes (MUCA), UNAM, 31 de mayo de 2002.

 

Museos: ¿cerrados o abiertos?

En una de las clases que imparto en la Maestría en Museología de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM), en la Ciudad de México, Manuel Gándara y yo pedimos a los alumnos fotografiar ejemplos de “crímenes” en contra de los visitantes de museos.

¿Crímenes? Sí, cualquier atentado u obstáculo a una buena experiencia. El ejercicio resultó interesante. Cada día vemos en los museos aspectos que se podrían mejorar: el tamaño de la letra en los textos de salas, los colores y sus contrastes que no permiten leer, las alturas de los objetos y/o de los textos, explicaciones aburridas llenas de términos técnicos y especializados, malas señalizaciones, etc., etc. Todo aquello que para mí ejemplifica o constata que hay museos cerrados al público.

En contraposición, tenemos museos o experiencias museales, que ilustran cómo los museos pueden estar y ser abiertos al y con los públicos, un concepto que exploré en una entrada pasada (Ver). Aunque el experimento en la clase resultó útil, creo que ahora pediré a los alumnos que documenten e ilustren este segundo rubro para demostrar aspectos de un museo amigable y centrado en sus visitantes, por ejemplo:

  • Dar una bienvenida en el acceso -sea personal o escrita-
  • Proveer evidencias de que se interesan por nosotros:
    • hojas de comentarios, que se consideren en incluso haya retroalimentación
    • buzón de sugerencias en funcionamiento, con papeleta y plumas
    • Proponer temas para interactuar en redes sociales
  • Proveer asientos para el descanso en salas
  • Brindar lugares en los que se pueda convivir, conversar
  • Proporcionar estrategias diversificadas para distintos intereses

Aquí algunos ejemplos míos que me propongo compartir en twitter @LetyPerezCast con la etiqueta #MuseosAbiertos

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En el Museo de la Ciudad de Nueva York informan al visitante qué está pasando y qué podrá ver próximamente #MuseosAbiertos
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En la Exposición La Vanguardia Rusa, Museo del Palacio de Bellas Artes, Ciudad de México, se solicitaba la opinión de los visitantes dentro de la misma sala respecto a temas que se trataban en la exposición #MuseosAbiertos
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En el Museo Whitney de Arte Estadounidense, Nueva York, el personal que asiste a los visitantes indica claramente su función “Estoy aquí para ayudar” #MuseosAbiertos
2015-07-25 16.48.39
En el Museo Museo José Guadalupe Posada, Aguascalientes, México, el amabilísimo personal explica cómo funciona la prensa #MuseosAbiertos