Se contempla, se experimenta. Entrevista con Alejandra Panozzo

Alejandra y yo entramos en contacto por medio de un correo electrónico. Conoció mi trabajo desde Argentina, gracias a la serie digital Estudios sobre públicos y museos. Se interesó por visitar México, conocer la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRYM) y participar como profesora invitada en el curso Evaluación de exposiciones en el Posgrado de Museología.

Aprovechando su visita en nuestra ciudad, nos sentamos juntas por ahí en un parque a charlar para El Diván.

 


Alejandra Panozzo Zenere es una enamorada de los museos y otros espacios donde circula el arte. Doctora en Comunicación (UNR- Rosario, Argentina) y Magister en Industrias Culturales (UNQ-Quilmes, Argentina); además es Licencia y Profesora en Bellas Artes (UNR-Rosario, Argentina). Desde el 2012, se desempeña como becaría de Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONCIET, Argentina) donde realiza investigaciones interdisciplinarias entre los campos de museología, arte y la comunicación, focalizadas en la problemática de los dispositivos comunicaciones y la experiencia de los públicos en los museos de arte. Al mismo tiempo, forma parte de la planta docente de la carrera de Bellas Artes (UNR-Rosario, Argentina) y de la Escuela Municipal de Rosario. En el último tiempo, comenzó a participar de proyectos museales que parten de una verdadera transformación social al generar un mayor intercambio territorial y patrimonial con los diversos públicos.

Portada libroSe contempla, se experimenta: “Este libro es una adaptación de mi tesis doctoral, se propone trabajar de manera interdisciplinaria los modos particulares de comunicar la colección de los museos de arte contemporáneo. Para ello, se identifican diferentes modelos museísticos que ponene de manifiesto los roles de la entidad en vinculación con los modos de disciplinar, ya sea que se le atribuya el rol de educar, la inclinación por lo espectacular o el estímulo de la experimentación en lo artístico”. En Argentina se consigue en librerías de la Ciudad de Rosario. En la Ciudad de México, se encuentra en consulta en la biblioteca de la ENCRYM.

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Museología desde el Cono Sur. Entrevista con Florencia Puebla

WhatsApp Image 2018-12-14 at 11.15.47 PMFlorencia Puebla es Maestra en Museología (ENCRYM-Ciudad de México) y Maestra en Arqueología y curaduría en Museos (ENAH-Ciudad de México). Profesora de Historia y Licenciada en Arqueología (UNCuyo, Mendoza, Argentina). Desde el 2007, realiza investigaciones museológicas en Argentina, México y Perú, focalizando en la problemática de los colectivos sociales en su relación con el patrimonio. Actualmente se encuentra finalizando estudios de doctorado (ENAH-México), con un proyecto de curaduría etnográfica y musealización socio-territorial en el poblado de Vilcas Huamán (Ayacucho-Perú). En el último tiempo, tras aburrirse de los ambientes académicos, se encuentra experimentando en la curaduría creativa, y realizando diversos talleres y proyectos museales independientes.


Conocí a Florencia como alumna en el Posgrado en Museología de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía -INAH, en la Ciudad de México. Siempre me pareció una persona inquisitiva y con muy buenas propuestas, así como argumentos para defenderlas. Además de esta coincidencia académica, compartimos el interés por los públicos, y el tener como primera formación la de arqueólogas. Le propuse participar en esta entrevista contándonos su experiencia con su particular punto de vista: una mirada a la museología latinoamericana desde las diversas latitudes en las que ha transitado.

Tu primera formación es de arqueóloga ¿Por qué estudiar museología? 

En el año 2007 tuve la oportunidad de trabajar en un museo arqueológico (Salvador Canals Frau) haciendo análisis y conservación de material que había en bodega. Muy arqueológico era mi trabajo allí, además de que el museo tenía un fuerte perfil académico. En esa época, también trabajaba en un laboratorio de arqueología, donde hacíamos investigaciones sobre el pasado de mi ciudad natal (Mendoza, Argentina). Es decir, estaba muy metida en el ámbito arqueológico, y me sentía cómoda allí. No obstante, en este museo comencé a realizar otros trabajos, que me llevaron a descubrir un mundo nuevo para mí, el de la museología. Por esos años, junto a otras compañeras tomamos varios cursos de museos, y me gustó mucho. Fue una época donde aprendí muchísimo; y desde ese momento la museología se me volvió una pasión. Con el tiempo me fui metiendo cada vez más, entré a trabajar en otro museo más grande y con otro perfil (el MAF), hasta que llegué a la Maestría en Museología de la ENCRYM, y ahí cambié completamente de “gremio”, digamos. Curiosamente en el presente me defino como museóloga, aunque nunca dejé la arqueología del todo.

Creo que mi interés radica en que los museos son espacios que plantean temáticas mucho más diversas, dinámicas y flexibles que la arqueología. Por suerte, la museología se mantiene alejada de la solemnidad académica que caracteriza a las disciplinas científicas, entonces te permite trabajar, explorar y crear desde múltiples perspectivas. Y eso me encanta.

¿Por qué en México?

En este museo de arqueología que mencioné, conocí a Laura Piazze, que es la museóloga a cargo. Una persona que fue totalmente estimulante e inspiradora para mí. Ella había vivido en México porque estudió la maestría en museología de la ENCRYM, y siempre hablábamos de esa experiencia. Por ella conocí y pude observar por primera vez un huipil, ¡imagínate! Todo en ella me llamaba la atención, además de que es una gran profesional e interesante persona, a la que quiero y admiro mucho. Entonces, cuando termino la carrera de arqueología, decidí que iba a hacer la maestría que ella hizo en CDMX. Vine en el año 2012 y aún no me voy ¡este país me tiene atrapada! A México llegué por tierra, tras un largo viaje que hicimos con mi novio por América Latina, y que con el tiempo resultó ser junto con la mexicana, una experiencia totalmente estimulante para mi profesión.

Desde tu punto de vista ¿Existen balances / desbalances entre los museólogos (as) en Latinoamérica? ¿Cómo es esto?

Creo que es una pregunta difícil de contestar, ya que cada quién lo vive y siente de maneras distintas en los museos donde trabaja, o siguiendo las experiencias que ha tenido. Es real que en proporciones generales, somos más mujeres las que estudiamos museología y que trabajamos en museos, pero curiosamente esta mayoría, así como la discusión que estamos llevando sobre el género, aún no se ve del todo inmersa en las exposiciones, curadurías y estrategias museales. Repetimos esquemas, porque hemos aprendido un modo de ver y hacer las cosas, que es propiamente masculino. Es decir, somos mayoría las mujeres las que estudiamos y trabajamos en este ambiente, pero aún no hemos logrado aportarle una impronta desde nuestra forma de ser, observar y sentir.

Creo que incorporar la visión femenina, va mucho más allá de incluir un maniquí de mujer cuando se expone la evolución del ser humano (muchos ponen el maniquí, pero continúan hablando de la evolución del “hombre”, por ejemplo); o incorporar en las cédulas el “todos y todas”. Estos, aunque son grandes detalles, es sólo el principio, y no significa que las mujeres se encuentren del todo incluidas. Creo que es un proceso que lleva tiempo, y hay museos que lo están comenzando a realizar, por suerte. No obstante, cuando hablamos de igualdad, muchas veces las mujeres pensamos que es adoptar modalidades masculinas, y no valorar las formas de ser que son propias de nosotras. Es decir, no revalorizamos nuestras miradas, puntos de vistas y modalidades que tenemos a la hora de vivir. Esta es mi idea, y podrían estar en total desacuerdo. Por ejemplo, es curioso observar que las exposiciones no otorgan un papel preponderante al trabajo doméstico, que generalmente fue y es femenino. Siempre estuvo marginado y menospreciado, en desmedro de la “vida pública” o ciertos asuntos o temáticas que son consideradas más interesantes, como la política, la economía, etc. Allí, la participación masculina es más fuerte, y para paliar este vacío, se recurre a incorporar a la mujer en estos espacios. Esto es algo real y positivo, pero ¿qué pasa con la cantidad de mujeres que no lograron ni logran insertarse en estos terrenos? ¿Las continuamos marginamos? Lo mencionado, es algo que me está haciendo pensar mucho en este momento.

Actualmente estoy trabajando en un pueblo de la sierra de Ayacucho, Perú, que se llama Vilcas Huamán. En este lugar, que por cierto es hermoso, a simple vista la presencia de la mujer en el espacio y temas de índole “públicos” por así decirlo, no es tan fuerte; no obstante hay un mundo doméstico, íntimo y familiar donde ellas son el pilar. Llevado esto al museo, lxs museólogxs cuando ideamos las exposiciones, nos cuesta mucho salirnos de los ejes más tradicionales: como políticos, económicos, sociales y culturales; sin considerar que en el hogar también suceden grandes cosas. Lo que menciono, podría relacionarse con el tema del chisme, por ejemplo; o las pláticas distendidas donde comentamos cómo estamos, qué hacemos y cómo nos sentimos. Son temáticas muy menospreciadas, por lo que nos cuesta mucho darle el lugar que se merecen. Sin embargo, forman parte de nuestras vidas, además de que engloban otras dinámicas sociales que son importantes para mantener los lazos afectivos, ponernos al día, cuidarnos entre lxs nuestrxs y compartir momentos de intimidad. Es la sociabilización más básica, donde por ejemplo, las mujeres nos sentimos más cómodas de expresar cómo comprendemos la vida y las relaciones humanas. Hablo de esto, sin caer en la malicia con la que se ha caracterizado y estigmatizado a estas charlas, donde supuestamente prima la competencia y el prejuicio, por mencionar algunos adjetivos con los que se ha juzgado al chisme. Como es un espacio donde el pensamiento femenino emerge, se lo trata con mucho desdén. Bueno, ¿a qué voy con todo esto? a que en los museos por más que involucremos a las mujeres, y en las cédulas les hablemos a ellas, (salvo algunos casos) seguimos representamos la realidad desde lógicas masculinas.

Me comentaste hace poco de un ejercicio museológico que realizaste en varios países de Latinoamérica, respecto a colectivos y personas que luchan por la igualdad y expresión de género. Cuéntanos de esa experiencia

Fue un ejercicio pequeñito pero hermoso, aprendí muchísimo y me dejaron muy buenas reflexiones. Me propuse dialogar con diversos colectivos y personas de Lima, Buenos Aires, Quito, Santiago de Chile y Montevideo. Participaron muchas personas y grupos, como el Colectivo Pacha Queer de Ecuador, Gabriela Mansilla de Argentina y Collette de Uruguay. Cada caso personal de activismo y lucha me hizo reflexionar sobre cómo exponemos los cuerpos humanos, por ejemplo, o el tema de los genitales, y su excesiva importancia social. También me hizo pensar mucho sobre cómo representamos musealmente temáticas como el cuerpo humano, la sexualidad y el placer, temas que continúan tabúes en el presente (y más el placer femenino). Cuando los museos deciden hacerlo se le otorgar una distancia social y temporal, con el fin de no generar polémica. Es decir: hablamos de la sexualidad de las culturas pasadas, pero no nos atrevemos a plantear puentes empáticos y de conexión con las prácticas sexuales de nuestras sociedades actuales. También el tema de la diversidad necesita ser analizado con mayor profundidad, entramos a los museos, y parece que no existen personas diversas. Los museos consideran que sólo basta con agregar una rampa de acceso y sistema braile, que no está mal, pero queda en la superficie si el discurso curatorial no resulta integrador. Las exposiciones no muestran a personas discapacitadas, gordas, trans, o que tienen acondroplasia, por mencionar algunos ejemplos. Como es un tema delicado para abordar, preferimos directamente no hacerlo, aunque hay casos y trabajos extraordinarios de museos que lo trabajan con la seriedad y respeto que se merece. Con esto, incito a que lo hagamos, seguramente nos equivocaremos, pero no dejemos de intentar y buscar las formas de proponer nuevas modalidades de exponer lo heterogéneo de las sociedades.

Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de igualdad de género en los museos?

Creo que de lo que te comentaba, de darle lugar a la diversidad, de evitar los estereotipos y los clichés, de representar los cuerpos como son realmente, de exponer a personas de la tercera edad, o niñxs, sus sentimientos, pesares, necesidades y satisfacciones; de exponer cómo nos sentimos, qué nos da placer (que va mucho más allá de lo sexual), qué cosas nos producen ilusiones, alegrías, miedos y desesperanza. Es decir un museo más humano, más empático y diverso, que se aleje de la tolerancia. Un museo que esquive las representaciones de las personas blancas, heterosexuales y jóvenes, para indagar en otras formas de vivir.

Crees que la falta de balance de género que hoy observamos y criticamos en los museos ¿Es percibida por los visitantes regulares? ¿Qué hacer?

Creo que las sociedades se encuentran discutiendo muchas cosas que el museo aún ni siquiera concibe como posibles temas a exponer. Y la gente no nos exige a los museólogxs, porque sabe que este es un espacio conservador y de legitimación de lo que “debe ser”. Entonces, muchas veces nos quedamos en esa comodidad, no digo que es fácil y que depende todo de lxs curadores o lxs museólogxs, tengo en cuenta que existen políticas expositivas que muchas veces atan y restringen nuestro trabajo. No obstante, he conocido experiencias museales que deciden ir más allá, correr el límite; y la gente se entusiasma y lo valora mucho. Creo que nos tenemos que animar a realizar otras cosas, experimentar más, sin miedo a la crítica y despegarnos de la idea que tenemos de museo, que en el presente queda un poco obsoleta. Y con esto no hablo de invertir grandes cantidades de dinero, o agregar tecnología y otras estrategias contemporáneas, sino de considerar nuevas formas de musealidad e incorporar temáticas novedosas. Para esto, sólo se necesita creatividad; ese es el cambio que necesitamos. En estos tiempos posmodernos, la museología se tiene que reinventar, no nos queda otra.

 

El Observatorio Universitario de Museos de la Universidad Veracruzana en México. Entrevista con Azminda Román Nieto

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Azminda es Licenciada en Antropología Histórica y Maestra en Antropología por la Facultad de Antropología de la Universidad Veracruzana. Es Coordinadora de Servicios Educativos del Museo de Antropología de Xalapa y del Observatorio Universitario de Museos (OUM). Ha participado como tallerista en actividades de promoción de cultura infantil. Escribe el blog Museos desde la Cotidianidad y la puedes encontrar en twitter: @AzmindaRomaN

Conocí a Azminda en un proyecto de colaboración entre la Escuela Nacional de Conservación y Restauración y la Facultad de Antropología de la Universidad Veracruzana. Felizmente, desde entonces nuestros caminos se han cruzado varias veces. Recientemente supe que se encontraba conformando un observatorio universitario de museos. Este proyecto me parece muy pertinente y relevante por lo que la he invitado a que nos cuente más al respecto.


¿Qué es un observatorio y cómo podemos entender un observatorio en el ámbito particular de los museos?

Un observatorio es un espacio de recopilación, sistematización, análisis, monitoreo y difusión de información de fenómenos sociales, políticos, económicos y culturales. Pueden surgir de iniciativas ciudadanas, gubernamentales y universitarias. En el caso específico de un observatorio con temática de museos, se puede entender como un espacio de recopilación, sistematización y actualización de la información que, mediante el monitoreo y generación de indicadores estadísticos y cartografía, permite ampliar y apoyar a la investigación museológica.

¿Cómo surge el Observatorio Universitario de Museos de la Universidad Veracruzana?

Surge a raíz de un proyecto de investigación de la Maestría en Antropología, el cual requería información específica sobre los museos del estado de Veracruz. Al recurrir a las fuentes oficiales, nos percatamos que era información muy generalizada y en algunos casos, no actualizada. Ese momento también coincidió con una invitación que nos realizó el Observatorio de Políticas Culturales de la Facultad de Antropología de la misma UV, para crear, dentro de sus líneas de investigación, una específica para los museos.  En el proceso, nos dimos cuenta que el tema daba para crear un observatorio sobre museos, puesto que había información que ya estaba, pero había otra que se tenía que generar y tratar desde la perspectiva museológica y, posteriormente con otras, como es el caso del patrimonio y políticas culturales.

 ¿Quiénes conforman este proyecto? ¿Qué podemos aportar los profesionales del campo de los museos en México a un proyecto como este?

El equipo del observatorio lo conforman personal que labora en el Museo de Antropología de Xalapa. La dirección del recinto y uno de los curadores fungen como consejo consultivo, puesto que necesitamos tener todas miradas, tanto de los directivos, como del ámbito académico y operativo, como es mi caso. Además de la colaboración de los prestadores de servicio social, quienes han apoyado este proyecto desde el principio, con su entusiasmo e iniciativa.

Respecto a los profesionales de los museos, su aportación es muy valiosa, debido a que ninguno de los miembros del observatorio tiene formación específicamente museológica, sino que hemos construido este proyecto desde la experiencia de trabajar en un recinto y desde una mirada multidisciplinaria. Por ejemplo, nos gustaría saber  si el enfoque es el adecuado o no, o si nuestro proyecto puede ser un referente para otros estados del país. La intención es generar el diálogo, el intercambio de experiencias y la colaboración entre quienes nos dedicamos al campo de la investigación sobre museos y seguir aportando al conocimiento en esta materia.

¿Cuáles son las tareas que realiza hoy en día el OUM y en qué radica su importancia?

El OUM plantea cuatro ejes estratégicos: el primero es sobre el diagnóstico, monitoreo y sistematización de la información; el segundo corresponde a la promoción, difusión y vinculación de los museos, el tercero es el Registro Estatal de los Museos en Veracruz y el cuarto, la gestión social. Todos ellos cuentan con metas a mediano y largo plazo.

Actualmente, el OUM encuentra en la segunda fase del diagnóstico, la cual es el cotejo de la información recabada durante la primera fase, con las fuentes oficiales, como son el Sistema de Información Cultural (SIC), la Estadística de Museos del INEGI 2016, para tener un punto de comparación sobre lo que ya está y lo que nosotros estamos generando. Otra tarea en esta segunda fase son los indicadores, los cuales están en proceso de validación, puesto que estamos proponiendo un batería de indicadores en dos líneas de investigación: el registro estatal de museos y los públicos, en la primera el referente es el estado y en la segunda, el Museo de Antropología de Xalapa. La metodología que se planea llevar para ambos casos, todavía se encuentra en revisión por parte de los miembros del observatorio. Vamos lento, sin embargo, consideramos tener nuestros primeros resultados a finales de este año.

Y en el futuro ¿Cómo se ven?

Como visión nos planteamos ser un referente estatal y nacional, orientado a la formulación de políticas culturales que incidan en el desarrollo social, además de poder establecer lazos de cooperación e intercambio con otras instituciones y organismos gubernamentales y no gubernamentales a nivel nacional e internacional.

Los sitios del Observatorio Universitario de Museos son:

Portal web: www.uv.mx/oum-max/

Twitter: @OUMMAXUV

Facebook: @OUMAX

Prototipos y evaluación para el diseño de exposiciones. Entrevista con Camilo Sánchez.

Camilo Sanchez

Camilo Sánchez es diseñador industrial y maestro en Museología. Actualmente es asesor museológico del Museo Nacional de Colombia, en donde está encargado de la renovación total del Museo y de su proyecto de ampliación. Ha realizado proyectos en diversas instituciones museales colombianas y del exterior. Es profesor invitado de museografía en varias universidades colombianas.


Conozco a Camilo hace algunos años y sé que es un diseñador que se atrevió a incorporar los prototipos como parte del proceso de creación de exposiciones. Me interesó explorar con él las diferencias y semejanzas entre la evaluación, digamos “más formal” y la retroalimentación de los visitantes utilizando prototipos,  para Kathy McLean se trata de una forma de evaluación “diferente”, tal como lo explica en un artículo al respecto. Entonces ¿qué aportan? Aquí las ideas que Camilo nos comparte en exclusiva para El Diván ¡Gracias!

Desde el punto de vista de un diseñador de exposiciones: ¿Qué diferencias encuentras entre trabajar una idea con prototipos y con retroalimentación mediante la evaluación? 

Siempre me ha parecido problemático la aplicación rápida de la evaluación formativa (y la rapidez es clave, porque siempre los procesos de diseño son contrarreloj). Por ejemplo, si para el diseño de una exposición se hace un grupo focal, pueden salir ciertas ideas o incluso palabras y nociones que eventualmente alimentan el diseño, pero que difícilmente generan cambios esenciales. Claro que también hay que decir que por lo general este tipo de evaluaciones previas se hacen de manera global (por ejemplo sobre las temáticas de la exposición) y no específicamente sobre el diseño museográfico, por lo cual este se vuelve marginal en estos ejercicios.

Con procesos de evaluación “completos”, en donde algunos de los puntos analizados tienen que ver con el diseño, como es natural, las respuestas llegan cuando ya no sirven para nada o ya no se pueden tomar acciones correctivas. Y lo peor, es que se empiezan a generar una serie de supuestos generalizados que si atentan contra diseños futuros. Por poner un ejemplo, puede que después de evaluar una exposición específica, en la socialización de los resultados se diga que a la gente no le gustó el color porque era muy oscuro. Lo que termina pasando, es que queda arraigada la idea en muchos de los funcionarios del museo, de que a la gente no le gustan las exposiciones oscuras (“acuérdese que en la exposición tal la gente se quejó por eso”), distorsionando negativamente los procesos de diseño posteriores.

Con el prototipo la ventaja es que se hace el ejercicio de entrada con una propuesta de diseño, sobre el cual uno puede decidir si pone a la gente a opinar o no. Es una forma mucho más rápida y directa de saber qué es lo que el público prefiere.

Y ¿Cuáles son las semejanzas?

Cualquier forma de evaluación se parece en que funciona dependiendo de la claridad que se tenga sobre qué es lo que realmente se está buscando y del juicio con el que se haga. Siento que muchas veces se terminan haciendo por cumplir con una obligación sin tener claro por qué y para qué se hizo. Y si uno no tiene claro que es lo que va a sacar de un proceso y cuál es el verdadero objetivo, no importa si es evaluación formativa o prototipo, no sirve para nada.

Cuéntanos cómo han sido algunas de tus experiencias al incorporar prototipos en el diseño de las exposiciones…

Hace unos 3 años empezamos a hacer prototipos en el Museo de la Independencia, en Bogotá, Colombia, para definir aspectos temáticos y conceptuales de exposiciones pequeñas. No estaban enfocados a solucionar aspectos de diseño porque el espacio disponible ya tenía una configuración que era difícil de cambiar. Sin embargo, estos prototipos fueron muy efectivos para resolver cuestiones curatoriales y en últimas hicieron más fácil todo el proceso de toma de decisiones. Sin embargo tengo que decir que, si bien los prototipos iniciaron con mucho entusiasmo por parte del equipo de educación del museo, con el tiempo fueron perdiendo efectividad por que la gran novedad se terminó volviendo rutina.

Ahora en el Museo Nacional, también en Bogotá, que es mucho más grande, los problemas del día a día también más grandes. Como lo urgente no deja tiempo para lo importante, la cantidad de tareas y compromisos simultáneos en cuanto a la producción de diseños para múltiples exposiciones, han hecho que no podamos establecer un programa de prototipado exitoso.

Hace dos meses abrimos un prototipo para una futura sala de exposición permanente, pero de nuevo, el objetivo es mucho más conceptual que de diseño (el diseño de la sala todavía esta tan lejano y los temas están tan poco definidos, que explorar problemas museográficos en este momento no tiene sentido). La sala se llama “Museo-wiki” y es un gran espacio de participación. Toca esperar para ver los resultados.


¿Crees que una evaluación más formal les hubiera llevado a resultados
diferentes? 

En cuanto a las experiencias del Museo de la Independencia, repito que todo depende del entusiasmo del equipo del museo. Lo que empezó siendo súper novedoso y realmente marcaba una diferencia en la experiencia del visitante -porque sentía que podía co-curar una exposición-, terminó en ocasiones siendo un saludo a la bandera. Dadas las circunstancias, una evaluación más formal puede que no alterara los resultados, pero hubiera ahorrado tiempo.

Creo que los prototipos funcionan mucho mejor y son más efectivos que la evaluación formal. Sin embargo, para que funcionen tienen que tener un equipo dedicado exclusivamente a su análisis e interpretación. Todavía no hemos podido llegar a ese punto.

Y desde el punto de vista de los públicos ¿Qué reacciones has visto?

Claramente un prototipo es muchísimo más impactante y hace que el público se sienta mucho más relevante (llenar encuestas o responder preguntas abstractas no se siente generalmente como un gran aporte), mientras que intervenir directamente una exposición por medio de marcadores, tizas y post-its genera una sensación de participación mucho más satisfactoria.

¿Recomendaciones?

Básicamente lo que ya he dicho arriba: no puede ser flor de un día. Tiene que ser un proceso en el que todos los del equipo crean y se sientan comprometidos. Si no es así, no funciona.