El complejo panorama de los públicos

Por invitación de Alejandro García Aguinaco, director de la compañía mexicana Taller de Museografía (tdm), participé en la mesa de diálogo sobre la creación de exposiciones y sus retos en la Era COVID-19. Aquí les comparto algunas de las ideas que me detonaron las preguntas de Cintia Velázquez Marroni, moderadora de la mesa. La conversación completa la pueden revisitar aquí.

¿Qué te ha detonado la presente circunstancia de la pandemia hacia tu propia práctica?

En mi caso, la pregunta parte de y regresa a, la relación públicos-museos:

  • La dimensión cuantitativa de las encuestas que buscan caracterizar a los públicos nos han llevado a identificarlos con categorías “fijas” y a encajonarlos en las “rebanadas” de gráficas de pays, a entenderlos como “visitantes”, en su mayor parte como aquellos que acudían a las instalaciones. Más allá de eso, debemos entenderlos como una red de comunidades, que se configuran cuando captamos su atención por la circulación de “un discurso”. Estos públicos son heterogéneos.
  • Antes de la pandemia el panorama ya era complejo, ahora lo es más. Con los museos cerrados, ¿a dónde se fue el público?, ¿se desvaneció?
  • Más bien se reconfiguró, porque entonces se encontró asociado a las propuestas virtuales que inundaron el ciber espacio, ¿eran los mismos?, ¿eran diferentes?, ¿cómo saberlo?
  • En una primera oleada los museos “liberaron” contenidos con una clara intención de contribuir, pero ¿lo estaban haciendo?
  • Al mismo tiempo comenzó el interés por indagar sobre la problemática. Entonces se detonaron investigación en dos líneas: sobre la situación de los museos y su personal, y en seguida sobre los “nuevos/transfigurados” públicos ¿quiénes son?, ¿qué buscan en sus experiencias virtuales?Cuando los museos reabrieran, ¿estarían dispuestos a volver?
  • Recién estábamos tratando de comprender este escenario cuando las desescaladas llevaron a la reapertura de algunos espacios. ¿Y ahora? Se instrumentaron múltiples medidas y protocolos, con hipótesis y escenarios cambiantes.
  • La visita presencial a los museos en la era Covid-19 imponen un contexto que, de cierta forma, contraviene muchas de las ganancias en favor de la experiencia de visita: circulación libre, interacción en grupos, tocar (en ciertos tipos de museos), las visitas mediadas, los talleres y actividades de los departamentos educativos. A la vez permite contrarrestar algunos de sus vicios: principalmente las aglomeraciones, la espectacularización y mercantilización de las propuestas museales.
  • Otra línea problemática: la relación públicos-museos estriba en que, para muchos, los públicos en su dimensión visitante, significan ingreso: ya sea en la forma de boletos pagados, compras en tiendas, consumo en restaurantes y cafés y también por el acceso a patrocinios cuando estos implicaban visibilidad en el sitio para un gran número personas. ¿Entonces? Actualmente se discute, por ejemplo, si las ofertas virtuales deben o pueden ser monetizadas.
  • Además, hay que admitir que la visita a los museos y la participación cultural siempre ha estado cruzada por la desigualdad, ahora existe una fantasía de que, con los “contenidos abiertos» puede existir mayor acceso. Digo fantasía porque enfrentamos otras brechas y problemáticas, como la alfabetización digital, el acceso a dispositivos y buena conexión, el “tiempo libre” del que disponemos, la salud y el ánimo o el cansancio de las pantallas.
  • Ni qué decir de los procesos colaborativos para diseñar exposiciones y otras estrategias que requerían el contacto humano, así como de los procesos de evaluación e investigación, ahora volcados principalmente a las encuestas en línea.

¿Cómo imaginar, o re-imaginar al museo a partir de la pandemia? ¿Qué futuros contingentes vislumbras?

  • Las crisis siempre son oportunidades. La que ahora vivimos es mayúscula, atañe al mundo entero, a distintos sectores por igual. Pone en jaque a las economías, los sistemas de salud y a la sociedad en su conjunto, entonces cabe cuestionarnos, ¿cuál será el lugar de los museos?
  • Enfrentamos una especie de “selección natural”, muy cruda por cierto, ¿cuáles museos sobrevivirán?, ¿aquellos que son financiados por el estado?, ¿los que son relevantes para sus comunidades?
  • Para mí, esta es una oportunidad para repensar muchas prácticas: para la experiencia y el disfrute ¿requeríamos de museografías ultra espectaculares y costosísimas?, ¿hay caminos más sustentables?, ¿necesitamos de “museos” instagrameables?, ¿la solución siempre es un museo?
  • Una de las preguntas planteadas en este foro fue ¿a quién se beneficia y a quién se perjudica? Me gusta refrasearla en otros términos: ¿A quién se incluye y a quién se excluye?
  • Si los museos tienen un papel social que cumplir en el contexto actual, éste podría ser: abrir espacios de diálogo y reflexión (foros de intercambio), informar (se han comenzado a trabajar exposiciones sobre Covid-19 y su impacto, por ejemplo por el Museo Interactivo de Economía-MIDE), documentar el proceso traumático que estamos experimentando (creación de colecciones y registro de la Pandemia) o apoyar a la sociedad (fungir como centros de acopio, de refugio o apoyo a la comunidad).

En los días subsiguientes a la mesa que estoy relatando, el debate se enriqueció con la participación de más colegas en dos espacios de diálogo más y en la mesa de cierre, en donde los moderadores de cada una hicieron un balance. Interesante mirarlas en su conjunto. Les dejo la información:

Mesa 2. Diseñadores a escena. El reto del diseño de exposiciones en la Era COVID-19. Accede aquí.

Mesa 3. Interactividad e interacción a escena. Accede aquí.

Mesa 4. Atando cabos. Reflexiones finales. Accede aquí.

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¿Es necesaria una definición de museo?

MuseumOfIcecream (1)
Imágenes tonadas del Museum of Icecream @Instagram

El Consejo Internacional de Museos (ICOM) llevará a cabo un proceso de revisión y actualización de la definición de Museo en su próxima conferencia general a realizarse en Kyoto, Japón en septiembre próximo. La última definición aprobada es de 2007: «Un museo es una institución permanente sin fines de lucro al servicio de la sociedad y de su desarrollo, abierta al público, que adquiere, conserva, investiga, transmite y expone el patrimonio tangible e intangible de la humanidad y de su entorno para la educación, el estudio y el deleite» [1].

Ante este panorama nos preguntamos: ¿es necesaria una definición? Se dice que lo que no se nombra no existe. Así es que, desde que el museo surgió como una institución de la alta modernidad, iniciaron los esfuerzos por definirle. Al al ser Museo una palabra utilizada en los diferentes idiomas, algunas de sus definiciones están en los diccionarios; pero otras, han sido emitidas por profesionales del área, organizaciones que los agrupan, legislaciones o marcos normativos de las políticas culturales.

El ICOM es una de esas organizaciones. Constituida en 1946 agrupa 40,000 miembros de 140 países de todos los continente. Por su antigüedad y composición, su definición trabajada a lo largo de 73 años, puede considerarse hegemónica. Su influencia es tal que ha sido retomada en tantos otros contextos y es multicitada, literal o con pequeñas variaciones, en gran parte de las definiciones operativas adoptadas por los países en sus marcos normativos o por los propios museos.

La evolución de esta definición indica que el museo no es una entidad estática, por el contrario, ha ido mutando a medida que se han transformado las sociedades en las que se aloja, y por ello se ha buscado adaptar la definición. Dados los cambios sociales y económicos vertiginosos que se viven hoy día, no sorprende que el periodo de acutalización de la definición se haya acortado (Doce años) y que las metodologías para integrarla también cambien.

En Esa extraña cosa llamada museo, una entrada anterior de este blog, relaté parte del proceso que se estaba llevando a cabo para integrar la nueva defición de Museo, utilizando metodologías más participativas y abiertas, ya no tan solo a los integrantes de los diversos comités del ICOM, sino a la sociedad en general.

En este proceso, el propio ICOM intengró el Comité Permanente para la Definición de Museo, Perspectivas y Posibilidades (MDPP), con la finalidad garantizar una verdadera representación y participación a nivel mundial en sus principales procesos estratégicos. El comité emitió un documento que contiene las recomendaciones y el informe presentado al Consejo Ejecutivo del ICOM, en el que se establecen los procesos y camino hacia las discusiones en Kyoto.

En éste declararon que: «El MDPP ha abordado el tema de la definición de museo desde afuera. Se ha intentado evitar el patrón actual para no centrar tanto el foco en criticar y revisar las palabras o párrafos de la definición actual, sino en historiarla y contextualizarla, desnaturalizarla y descolonizarla, en integrar el debate de los museos y el futuro de los museos en el marco más amplio de las tendencias generales de la sociedad y de los problemas del siglo XXI.» [2].

Asimismo, la organización lanzó una convocatoria para que las personas -siempre y cuando escriban en inglés-, puedan enviar su propuesta a través de su plataforma web Museum definition. Si consideras que es necesario definir lo que es un museo, y sientes que la definición actual no es satisfactoria, participa.

Adicionalmente, desde el campo académico, existen contribuciones que revisan este proceso de cambio. Particularmente recomiendo el artículo The definition of the museum through its social role de Karen Brown y François Mairesse. Se trata de un análisis histórico que contextualiza la definición de Museo en relación al papel social que se le ha atribuido. Como dicen los autores: Todo el mundo piensa saber qué es un museo, pero los límites de la definición están evolucionando constantemente [3].

[1] ICOM. Sin fecha. Comité permanente sobre la definición de museo, perspectivas y posibilidades (MDPP). Documento de trabajo, página 3. Disponible en aquí.

[2] Idem. p. 5.

[3] Brown, K., y Mairesse, F. (2018). The definition of the museum through its social role. Curator: The Museum Journal, 61(4), 525–539. P. 525 Disponible aquí.

 

¿Qué y cómo comunicamos en las exposiciones?

Museos y exposiciones ¿Son una y la misma cosa? Se dice que la exposición es el medio por excelencia en el museo, y su característica particular. Aunque podemos tener exposiciones sin museo (como en las ferias comerciales), sería casi imposible tener museos sin exposición.

La literatura en este ámbito temático es vasta, va desde publicaciones con definiciones: qué son las exposiciones de museos-, pasando por los tipos que existen, hasta algunos manuales que indican cómo diseñar exposiciones o cómo gestionarlas. No obstante, un asunto medular en este ámbito es el qué y el cómo, de este medio de comunicación.

¿Qué queremos comunicar? ¿Cómo lo queremos hacer? La variedad en temáticas y formatos en las exposiciones amplía mucho el tema; sin embargo, en esta entrada me referiré a aquellas exposiciones que tienen deliberadamente algún tipo de objetivo educativo -en términos amplios-  ya sean históricos, antropológicos o científicos, con la finalidad de contribuir a que públicos más amplios conozcan sobre ciertos temas. No soy una experta en la curaduría o en el diseño de exposiciones, pero sí he acompañado o formado parte de dichos procesos. Además, mi especialidad y trabajo en el ámbito de los estudios sobre los públicos de los museos -y por ende de las exposiciones-, me hace traer a la mesa consideraciones acerca de quién será nuestro interlocutor en este proceso comunicativo y cómo tender puentes con ellos/ellas.

Mi reflexión gira en torno a tres metodologías o caminos sobre el cómo plantear el mensaje principal de una exposición y sus temas. Se deriva de haber participado en talleres con tres especialistas mexicanos en la materia: Manuel Gándara, Horacio Correa y Carmen Sánchez Mora. Desafortunadamente, al momento, ninguno ha publicado sus ideas y métodos para poder consultarlos.

A continuación relataré brevemente mi experiencia con estos enfoques. Al final de este texto ofrezco algunas referencias de utilidad.

Manuel Gándara. La interpretación temática a la mexicana, es decir: la divulgación significativa

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Manuel Gándara y Sam Han en el Coloquio Internacional de Divulgación del Patrimonio, en la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía. Octubre, 2017

La interpretación temática es una estrategia de comunicación que surgió en los parques naturales de Estados Unidos como una forma de proveer a los visitantes más que sólo información, para que conocieran estos recursos naturales e instarlos a su conservación. Se dice que el padre de esta corriente es Freeman Tilden. A lo largo de los años, otros expertos se han sumado a la lista de intérpretes famosos, entre ellos, el también estadounidense Sam Ham.

Manuel Gándara, es Doctor en Diseño y Nuevas Tecnologías (UAM-Azcapotzalco), y Doctor en Antropología (Escuela Nacional de Antropología e Historia), su primera formación es como arqueólogo, también por la ENAH. Es responsable de haber importado esta corriente a México, para su aplicación al patrimonio cultural, inicialmente en las zonas arqueológicas. Tras años de reflexión sobre el tema su propuesta ha madurado, con aportaciones derivadas de sus asesorías a la Dirección de Operación de Sitios, del Instituto Nacional de Antropología e Historia; de la enseñanza del tema en la ENAH o en la ENCRyM; de su ejercicio profesional y guiando a numerosos alumnos que han aplicado el enfoque en sus tesis de licenciatura y maestría.

Aunque su propuesta se basa en las ideas generales de los principales exponentes de esta corriente, ha desarrollado una propuesta propia «a la mexicana»: la divulgación significativa.  Se deriva de la articulación y aportes de: 1. la interpretación temática (ya mencionada), 2. los enfoques centrados en el público (reconoce influencias de John Falk, Lynn Dierking, Kathleen McLean y Beverly Serrell), 3. la antropología como celebración de la diversidad y 4. el materialismo histórico -sí, leyó usted bien-, como un reconocimiento de que en lo social todo es histórico y no natural.

Describir a detalle su propuesta rebasa por mucho este espacio. No obstante, rescataré algunos mínimos aspectos que me parecen centrales:

  • La maldición del conocimiento: «siempre pensamos que lo que yo sé lo sabe todo el mundo y que lo que a mí me interesa, le interesa a todos»
  • La maldición de la cotidianeidad: «No somos capaces de ver errores, fallas que están ahí, pero a las cuales estamos muy familiarizados»

En cuanto al proceso de diseño de una exposición con esta metodología, Manuel propone cuatro etapas:

  1. Diseño: se establece el qué, para quién (público meta), para qué, y con qué. Es importante incluir evaluaciones previas o estudios de públicos diagnósticos.
  2. Desarrollo: incluye la preparación de los guiones conceptual, académico, general de divulgación, proyecto ejecutivo y plan de producción. Aquí se plantea el mensaje principal o «tesis» y las correspondientes subtesis.
  3. Aplicación: produción, plan de montaje e instrumentación.
  4. Evaluación: en sus etapas sumativa y correctiva, así como la documentación de todo el proceso.
* Por tesis este especialista entiende: «idea central estructurada en forma de oración: sujeto, verbo y complemento»

María del Carmen Sánchez Mora. Mensaje para llevar.

Carmen Sánchez
Carmen Sánchez en su taller «Ideas Museables» en el marco del 7° curso de evaluación en museos. Febrero, 2018

Carmen Sánchez es una especialista en evaluación de museos y comunicación de la ciencia, quien ha desarrollado su trabajo en la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC), vinculada al Museo de Ciencias Universum. Es una magnífica tallerista. En lo personal, cuando he tomado algún taller con ella, me he llevado gratas experiencias porque tienen objetivos claros de enseñanza y las actividades para alcanzarlos están muy bien estructuradas.

Recientemente en el 7° curso de evaluación de Museos, organizado por el Seminario de Investigación Museológica de la propia DGDC, Carmen impartió el taller llamado «ideas museables», con el propósito demostrar cuál es el proceso para desarrollar una idea sobre una exposición desde su origen: ¿a quién se le ocurre o de dónde surge?, hasta su configuración en los guiones correspondientes -temático, conceptual, museográfico y museológico-.

Nuevamente, me es difícil condensar en tan poco espacio su propuesta. Sin embargo, me interesa hablar de lo que ella llama «factibilidad de la idea» y la «organización de los mensajes». En el primero de estos rubros, Carmen alude a criterios para evaluar si la idea que tenemos, puede o no puede ser desarrollada, en exposición. Nos insta a preguntarnos:

Esta idea: ¿Concuerda con la misión del museo?, ¿es relevante? -tendrá significado para los visitantes y para sus vidas-, ¿es apropiada? -Es decir ¿se puede exhibir como exposición tridimensional?-, ¿es investigable?, ¿es multifacética? -¿se puede presentar en varios niveles con diferentes estrategias de diseño?, ¿es divertida?, los equipos y directivos del museo ¿la apoyan?, ¿se puede respaldar con colecciones?, ¿es independiente? o ¿sólo funciona con el apoyo de guías y mediadores?, ¿es conectiva?, ¿se puede financiar?

En cuanto a la organización de los menajes. Carmen también es partidaria de que el mensaje más importante o «mensaje para llevar» se debe plantear en una sola oración, estructurada en el lenguaje común de los visitantes, no en el lenguaje académico. Nos proporcionó un ejemplo que ilustra esta diferencia. Para una exposición sobre los alacranes, el mensaje principal, planteado en términos académicos fue: «los alacranes -que no son insectos- forman parte del ecosistema y de las cadenas tróficas»; mientras que, el mensaje para llevar fue: «los alacranes no son lo que creemos».

Derivar el mensaje planteado en lenguaje sencillo para los visitantes implica preguntarnos: qué nos gustaría que el público diga al salir de la exposición: «Esta exposición trata de________»

Horacio Correa. El poder de los objetos.

Horacio Correa
Horacio Correa en el Taller de museografía didáctica. Museal, enero 2018

Horacio es un especialista en Museos, quien se ha centrado en el desarrollo de audiencias, la evaluación, la interpretación y el diseño de experiencias. Como profesional del área, ha desarrollado ideas para apoyar a los equipos de trabajo de museos a estructurar el «mensaje para llevar» y las ideas clave de una exposición.

Al inicio del año me tocó compartir sesiones con Horacio, en un curso para el diseño de exposiciones. Sus ideas también abrevan del enfoque de la interpretación propuesto en Estados Unidos, específicamente el realizado por la National Association for Interpretation (NAI). Entre líneas leemos otras aportaciones como los objetivos de comunicación propuestos por John Veverka: qué quiero que la gente sepa (objetivos comunicativos), qué quiero que la gente sienta (objetivos emotivos) y qué quiero que la haga (objetivos de acción).

De la propuesta de Horacio, me parece muy útil la estrategia que utilizó para enfatizar la importancia de los objetos. A través de un ejercicio práctico -con un objeto inicialmente desconocidos para todos-, llevó a los participantes a contrastar lo que podemos saber de éste por simple deducción, y aquellos significados más profundos que los museos deberían develar. Las preguntas a responder fueron:

  • ¿Qué sabemos de este objeto?.- De la observación se extraen hechos y características tangibles.
  • ¿Qué crees saber del objeto?.- Se trata de intangibles e hipótesis que quizá podemos derivar de la exposición que observamos.
  • ¿Qué quieres saber de este objeto?.- Son otros significados, dudas o curiosidades en los que estarían muy interesados los públicos.

La conclusión: normalmente la información que damos a los visitantes es algo que ellos mismos podrían descubrir, y que, por evidente, resulta aburrida e irrelevante. Por el contrario, aquello que se sitúa en el nivel de la interrogación ¿Qué queremos saber? es lo que detona otros sentidos más importantes, interesantes y relevantes que pueden atrapar a los visitantes.

– – –

Es evidente que en tan poco espacio, apenas he logrado esbozar un pequeño asomo a las estrategias planteadas por mis colegas. Por el momento les dejo aquí otros recursos adicionales:

  • Gándara Manuel. 2013. La narrativa y la divulgación significativa del patrimonio en sitios arqueológicos y museos. Gaceta de Museos No. 54. Disponible aquí
  • Jimenez, María Antonieta. 2015. Una metodología para la creación de guiones de divulgación del patrimonio arqueológico. Izarraraz. Intervención. Revista Internacional de Restauración, Conservación y Museología. Disponible aquí
  • Consideraciones sobre la gran idea [inglés]. Disponible aquí 

Prototipos y evaluación para el diseño de exposiciones. Entrevista con Camilo Sánchez.

Camilo Sanchez

Camilo Sánchez es diseñador industrial y maestro en Museología. Actualmente es asesor museológico del Museo Nacional de Colombia, en donde está encargado de la renovación total del Museo y de su proyecto de ampliación. Ha realizado proyectos en diversas instituciones museales colombianas y del exterior. Es profesor invitado de museografía en varias universidades colombianas.


Conozco a Camilo hace algunos años y sé que es un diseñador que se atrevió a incorporar los prototipos como parte del proceso de creación de exposiciones. Me interesó explorar con él las diferencias y semejanzas entre la evaluación, digamos «más formal» y la retroalimentación de los visitantes utilizando prototipos,  para Kathy McLean se trata de una forma de evaluación «diferente», tal como lo explica en un artículo al respecto. Entonces ¿qué aportan? Aquí las ideas que Camilo nos comparte en exclusiva para El Diván ¡Gracias!

Desde el punto de vista de un diseñador de exposiciones: ¿Qué diferencias encuentras entre trabajar una idea con prototipos y con retroalimentación mediante la evaluación? 

Siempre me ha parecido problemático la aplicación rápida de la evaluación formativa (y la rapidez es clave, porque siempre los procesos de diseño son contrarreloj). Por ejemplo, si para el diseño de una exposición se hace un grupo focal, pueden salir ciertas ideas o incluso palabras y nociones que eventualmente alimentan el diseño, pero que difícilmente generan cambios esenciales. Claro que también hay que decir que por lo general este tipo de evaluaciones previas se hacen de manera global (por ejemplo sobre las temáticas de la exposición) y no específicamente sobre el diseño museográfico, por lo cual este se vuelve marginal en estos ejercicios.

Con procesos de evaluación “completos”, en donde algunos de los puntos analizados tienen que ver con el diseño, como es natural, las respuestas llegan cuando ya no sirven para nada o ya no se pueden tomar acciones correctivas. Y lo peor, es que se empiezan a generar una serie de supuestos generalizados que si atentan contra diseños futuros. Por poner un ejemplo, puede que después de evaluar una exposición específica, en la socialización de los resultados se diga que a la gente no le gustó el color porque era muy oscuro. Lo que termina pasando, es que queda arraigada la idea en muchos de los funcionarios del museo, de que a la gente no le gustan las exposiciones oscuras (“acuérdese que en la exposición tal la gente se quejó por eso”), distorsionando negativamente los procesos de diseño posteriores.

Con el prototipo la ventaja es que se hace el ejercicio de entrada con una propuesta de diseño, sobre el cual uno puede decidir si pone a la gente a opinar o no. Es una forma mucho más rápida y directa de saber qué es lo que el público prefiere.

Y ¿Cuáles son las semejanzas?

Cualquier forma de evaluación se parece en que funciona dependiendo de la claridad que se tenga sobre qué es lo que realmente se está buscando y del juicio con el que se haga. Siento que muchas veces se terminan haciendo por cumplir con una obligación sin tener claro por qué y para qué se hizo. Y si uno no tiene claro que es lo que va a sacar de un proceso y cuál es el verdadero objetivo, no importa si es evaluación formativa o prototipo, no sirve para nada.

Cuéntanos cómo han sido algunas de tus experiencias al incorporar prototipos en el diseño de las exposiciones…

Hace unos 3 años empezamos a hacer prototipos en el Museo de la Independencia, en Bogotá, Colombia, para definir aspectos temáticos y conceptuales de exposiciones pequeñas. No estaban enfocados a solucionar aspectos de diseño porque el espacio disponible ya tenía una configuración que era difícil de cambiar. Sin embargo, estos prototipos fueron muy efectivos para resolver cuestiones curatoriales y en últimas hicieron más fácil todo el proceso de toma de decisiones. Sin embargo tengo que decir que, si bien los prototipos iniciaron con mucho entusiasmo por parte del equipo de educación del museo, con el tiempo fueron perdiendo efectividad por que la gran novedad se terminó volviendo rutina.

Ahora en el Museo Nacional, también en Bogotá, que es mucho más grande, los problemas del día a día también más grandes. Como lo urgente no deja tiempo para lo importante, la cantidad de tareas y compromisos simultáneos en cuanto a la producción de diseños para múltiples exposiciones, han hecho que no podamos establecer un programa de prototipado exitoso.

Hace dos meses abrimos un prototipo para una futura sala de exposición permanente, pero de nuevo, el objetivo es mucho más conceptual que de diseño (el diseño de la sala todavía esta tan lejano y los temas están tan poco definidos, que explorar problemas museográficos en este momento no tiene sentido). La sala se llama “Museo-wiki” y es un gran espacio de participación. Toca esperar para ver los resultados.


¿Crees que una evaluación más formal les hubiera llevado a resultados
diferentes? 

En cuanto a las experiencias del Museo de la Independencia, repito que todo depende del entusiasmo del equipo del museo. Lo que empezó siendo súper novedoso y realmente marcaba una diferencia en la experiencia del visitante -porque sentía que podía co-curar una exposición-, terminó en ocasiones siendo un saludo a la bandera. Dadas las circunstancias, una evaluación más formal puede que no alterara los resultados, pero hubiera ahorrado tiempo.

Creo que los prototipos funcionan mucho mejor y son más efectivos que la evaluación formal. Sin embargo, para que funcionen tienen que tener un equipo dedicado exclusivamente a su análisis e interpretación. Todavía no hemos podido llegar a ese punto.

Y desde el punto de vista de los públicos ¿Qué reacciones has visto?

Claramente un prototipo es muchísimo más impactante y hace que el público se sienta mucho más relevante (llenar encuestas o responder preguntas abstractas no se siente generalmente como un gran aporte), mientras que intervenir directamente una exposición por medio de marcadores, tizas y post-its genera una sensación de participación mucho más satisfactoria.

¿Recomendaciones?

Básicamente lo que ya he dicho arriba: no puede ser flor de un día. Tiene que ser un proceso en el que todos los del equipo crean y se sientan comprometidos. Si no es así, no funciona.  

Públicos y museos. Colaboraciones y experiencias

Cartel_Públicos_y_Museos_Final(2)Mañana es un día muy especial. Presentamos y lanzamos tres recursos digitales relativos a los estudios de públicos sobre museos y otras instituciones afines. Aquí una breve reseña de su origen.

Primer acto: Serie Estudios sobre públicos y museos vol II. Apuntes para pasar de la teoría a la práctica.

Es el segundo volumen de esta serie. Se trata de artículos generados a partir de las participaciones en el curso internacional de estudios de públicos impartido en la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía en México en el 2015. Con artículos de Ana Rosas Mantecón, Graciela Schmilchuk, Ángela García Blanco, Lee Davidson, Kathleen McLean, María del Carmen Sánchez Mora, Rosa Elba Camacho Rodríguez, Sara Aguilera Ríos, Francisco Javier Maldonado Méndez, Mariana Pascual Cáceres, Ximena Agudo Guevara, María Liduvina Juárez Gómez y el mío, este volumen muestra lo que yo llamo el proceso «alquímico» de la enseñanza y el aprendizaje. Es una publicación digital de acceso libre que pronto podrán consultar. Descarga el libro aquí.

Segundo acto: Foro de estudios de públicos.

Abril de 2015. Graciela Schmilchuk organizó el evento De museos, públicos y no públicos ¿qué pensamos hoy?, dos conversatorios en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC-UNAM). En los tiempos para preguntas y respuestas quedó clara la falta de espacios para socializar, compartir y comentar lo que se ha hecho sobre el tema en México y para establecer nexos con otros colegas del extranjero. Como dice Graciela, una joven planteó la pregunta de por qué no se conoce lo que ya se hace. Era Belén Zuazúa, una alumna muy activa e interesada de uno de mis cursos. Graciela tomó el reto en sus manos y poco después nos escribió invitándonos a sumarnos en un espacio que todavía no tenía forma muy precisa. A partir de entonces comenzamos a trabajar para desarrollar este espacio digital como una colaboración inédita entre el CENIDIAP-INBA (Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas) y la ENCRyM-INAH. Accede al foro

Tercer acto: Estudios sobre públicos y museos. Línea del tiempo colaborativa

Julio de 2015. En el primer volumen de la serie titulado Públicos y Museos ¿Qué hemos aprendido? invité a Nayeli Zepeda de Nodo Cultura a prologar el volumen. No conocía a Nayeli previamente, comencé a seguir a Nodo en redes y la encontré en twitter. Después nos reunimos personalmente y hablamos de otras formas de colaborar. El volumen I incluyó una línea del tiempo que desde sus inicios se formó colaborativamente, pues las alumnas de mi curso 2014-2 compilaron las entradas, mismas que después fueron organizadas y sistematizadas por Belén Zuazúa para la publicación digital. Alrededor de 46 referencias forman una semilla para esta nueva versión abierta y dinámica con la que pretendemos que más personas se sumen a  la tarea de ir reuniendo más y más referencias. Se trata de una compilación bibliográfica, pero a diferencia de aquellas que se han hecho en papel, ésta puede crecer y enriquecerse, además de permitir búsquedas por diferentes criterios y estar abierta a la participación plural. Colabora en la línea del tiempo. 

Mañana jueves 20 de julio a las 18:00 hrs es la presentación y lanzamiento de estos tres recursos. La cita es en el auditorio de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía. Gral. Anaya 187, San Diego Churubusco, 04120 Ciudad de México, CDMX.

Muchas gracias a quienes han sido parte de estos proyectos directa o indirectamente.

¿No puedes acompañarnos en vivo? Consulta la grabación del evento aquí

 

Exposiciones que cautivan

El sábado pasado visitamos varios museos de la ciudad de Huamantla en el estado de Tlaxcala, México. La visita fue parte de las actividades del Seminario de estudios y formación de públicos que impartí para el Centro Cultural Mexiquense Bicentenario en el Estado de México. A iniciativa de uno de los alumnos visitamos esta ciudad, Francisco nos comentó que varios de los aspectos que habíamos analizado durante el seminario podían reflexionarse en estos museos. Así que, gracias también a la organización de Samuel quien amablemente coordinó el tema del transporte, nos dirigimos a esta ciudad. Es muy simpático ver cómo cualquier grupo, incluso de adultos, en el momento en el que se pone en modo excursión se transfigura en grupo de niños que buscan divertirse en camino a una experiencia lúdica y de entretenimiento.

Como parte de las actividades planeadas yo había preparado la guía de los Jueces Excelencia de Beverly Serrell [1], quien realizó una propuesta para valorar la excelencia de las exposiciones en los museos. Esta guía destaca cuatro aspectos que podrían valorarse al visitar una exposición, está diseñada para profesionales de los museos dispuestos a realizar visitas críticas desde el punto de vista de los visitantes. Los cuatro aspectos a valorar son: el confort, el grado en que la exposición cautiva, si se refuerza a sí misma y la relevancia que tiene para los visitantes en términos personales.

Si bien esta guía ha sido preparada por colegas en Estados Unidos y aplicada en su mayoría en el área de Chicago, la hemos retomado en diferentes cursos en México para valorar cómo son las exposiciones en relación con los públicos y reflexionar sobre qué criterios se deberían considerar para considerarlas de excelencia. Huamantla fue el ejemplo perfecto de cómo los aspectos y criterios de esta guía no se ajustaban a la realidad de los museos que estábamos visitando. De hecho, quedó claro muy pronto que no podríamos aplicarla en su totalidad. No obstante, pienso que en el nivel general, los aspectos que propone el Marco de los Jueces de Excelencia de una u otra forma podían ser valorados. Me referiré particularmente a nuestra experiencia en el Museo de la Ciudad de Huamantla y en el Museo Nacional del Títere.

El confort. Es increíble como una ciudad pequeña en la que se encuentran museos ubicados de una calle a otra a una distancia accesible a pie hacen de la visita una experiencia realmente atractiva y amena. Los propios edificios en los que están ubicados los museos ofrecen un buen nivel de confort con recorridos que no resultan cansados. Existen sin embargo varios aspectos a mejorar: los apoyos a la orientación espacial y cognitiva que se proveen a los visitantes o también los servicios que se ofrecen, especialmente en el Museo de la Ciudad de Huamantla, se requiere mayor mantenimiento a los sanitarios así como a la conservación de los objetos y mantenimiento de las instalaciones y los cedularios que ahí se muestran. ¡Sí! Estos aspectos también forman parte de la experiencia de visitar un museo.

«Una exposición de excelencia ayuda a los visitantes a sentirse bien física y sicológicamente. El confort abre las puertas de otras experiencias positivas, la falta de confort las evita.»

2016-09-10-11-28-07Aspectos que cautivan. Me parece que éste es el aspecto que más llama la atención en dos de los museos que visitamos. En primer lugar el Museo de la Ciudad de Huamantla, que podría parecerse más a un viejo gabinete de curiosidades o maravillas en donde las personas interesadas por cuidar la memoria y la identidad de la ciudad han ido almacenando toda clase de objetos relevantes desde su punto de vista para la historia. Amontonados algunos, encimados otros, realmente se trata de objetos que nos llevaban a pensar que hacían ahí: una torre Eiffel a escala, una estación de trabajo de odontología antigua, la primera computadora personal comprada para el ayuntamiento, los trofeos de los miembros más destacados de la sociedad -deporte, competencias caninas y bobinas, cantantes, etc.- en fin de lo arqueológico a lo anecdótico con una presentación bastante modesta o incluso falta de cuidado. Y a pesar de ello todos estábamos ahí, fascinados por lo que veíamos, cautivados, reflexionando sobre objetos que llamaban realmente nuestra atención, pensando que si este museo refleja la historia del ciudad, si este museo permite a propios y extraños asomarnos un poco de la identidad de los habitantes de Huamantla. No tengo una respuesta. Pero nos atrapó.

«Una exposición de excelencia cautiva –engancha- a los visitantes. Los invita a poner atención. El involucramiento es el primer paso para encontrar significados más profundos».

Aspectos de refuerzo. Esto se refiere a qué tanto la exposición y cada una de sus partes nos ayudan a comprender un mensaje global, repitiendo de ser necesario, la información clave al inicio del exposición y en distintos puntos, a la vez diversificando los medios que se usan para transmitir los mensajes principales. Éste quizá sea el punto más débil de estos dos museos, no me parece que sus creadores hayan pensando en un mensaje principal que comunicar, algo que quieran que todos los visitantes nos llevemos. Aunque quizá este aspecto está presente en lo inmaterial, en la hospitalidad del personal en todos los museos, fue realmente una constante sentirnos bienvenidos en los accesos, durante la visita, con las personas que nos atendieron, quizá en este sentido sí hay aspectos que refuerzan esta idea una y otra vez a lo largo de la visita.

«En una exposición de excelencia, se ofrecen a los visitantes  múltiples oportunidades para alcanzar o entender exitosamente los contenidos y para sentirse intelectualmente competentes, ir más allá de un “wow”. Además, la exposición tiene varios puntos de “refuerzo” dando oportunidad de acceder a partes similares de información pero de diferentes formas, cada parte forma un todo. Los visitantes se sienten confiados de tener experiencias significativas»

Relevancia. Este aspecto se refiere a qué tanto las exposiciones están enfocadas en torno a el interés de los visitantes en términos personales, relevantes, significativos. Quizás el Museo de la Ciudad no cubrió tanto este criterio como el Museo Nacional del Títere. No fue posible visitarlo todo por estar en remodelación, con la tarea de terminarla antes de que inicie el Festival Internacional del Títere en octubre próximo. Este museo guarda una colección muy particular perteneciente a la familia Rossete Aranda que durante más de 100 años impulsó la manifestación teatral con el uso de marionetas. Está lleno de objetos que también nos cautivaron, pero además de historias que nos tocaron, a nivel personal con recuerdos de nuestra infancia y a nivel de identidad con fragmentos de la historia del país: esos soldados del desfile del 15 de septiembre cada uno distinto al otro, la pelea de gallos, el circo, la orquesta. Escenas de la vida cotidiana que aún ahí congeladas en las vitrinas nos hacían sentir realmente emocionados -no me quiero imaginar cuando estos objetos cobran vida-. Además el museo presenta otra serie de objetos que, aunque no pertenecieron a la Compañía Nacional de Autómatas de los Rossete Aranda han sido incorporados a su colección y son muestras de esta manifestación a lo largo y ancho del mundo. De verdad un museo que no se pueden perder.

«Una exposición de excelencia provee experiencias que son relevantes en términos personales para los visitantes. Más allá de sentirse involucrados y sentirse competentes, los visitantes se pueden sentir cambiados, cognitiva y afectivamente, en términos inmediatos y a largo plazo.»

Nuestro día en Huamantla fue una experiencia única, no sólo por los elementos que he comentado. Tuvimos la suerte y el honor de ser guiados por un embajador de la ciudad, el hoy cronista señor José Hernández Castillo, quien desde nuestra llegada al Museo de la Ciudad amablemente guío la visita y nos develó rincones, historias y personas especiales de esta ciudad. Se ha señalado en varias ocasiones el gran valor de la interpretación personal, es decir aquella ejecutada por personas,  guías, mediadores. Y es que ellos develan para nosotros esos misterios y esos valores imbuidos en el patrimonio que no son fáciles de descifrar a primera vista, Don José hizo un trabajo extraordinario. El gran reto para los museos es traducir esta riqueza a otros medios para que los visitantes que no tengan la suerte que nosotros tuvimos puedan acceder a las historias, las anécdotas, el orgullo y la hospitalidad de este lugar y su cultura.

Es un hecho que los museos visitados tienen un tramo que recorrer. Se aprecian carencias y muchos aspectos que se podrían mejorar, no obstante creo que brindan una oportunidad sensacional para una experiencia verdaderamente rica.

Gracias a Francisco por la sugerencia, a Samuel por la organización del transporte, a Angélica por las gestiones, y a todo el grupo por su interés y disposición durante el Seminario. Lo disfruté y aprendí mucho. Por supuesto a Don José.

A pesar de muchos lados oscuros de nuestro país, cada momento encontramos gente valiosa por la que sí podemos decir ¡Viva México!

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[1] Serrell, B. (2006). Judging Exhibitions: A Framework for Assessing Excellence. Walnut Creek, Calif: Left Coast Press

*Las traducciones de las frases entrecomilladas son mías.

Interpretar ¡Cualquier oportunidad es buena!

La interpretación y las estrategias asociadas a ella llegaron en algún momento al museo. No se trataba tan solo de exhibir -a través del despliegue en las vitrinas de maravillosos objetos-; tampoco de sólo comunicar -a través de los textos en las cédulas- o de tener una visión acotada del potencial educativo del museo -en los talleres y actividades dedicadas únicamente a escolares-, sino de traducir, facilitar, invitar, sorprender o presentar aspectos relevantes que inviten a la reflexión.

La interpretación va un poco mas allá de la comunicación. A manera de una traducción de un idioma a otro, nos dice mi colega y amigo, Manuel Gándara, la interpretación busca un lenguaje adecuado para comunicar términos complejos, científicos, técnicos o artísticos para que un público diverso los comprenda. Es un vehículo de empatía, diría yo, para aceptar que no todos tienen los conocimientos previos requeridos al acercarse a un museo; pero sobre todo, para mostrar a las demás personas lo que nos apasiona a algunos: antropólogos, arqueólogos, historiadores, historiadores del arte, curadores, científicos, artistas, etc., también para descubrir lo que les apasiona a ellos y tender puentes.

Aquí les comparto un ejemplo de una estrategia que me encantó, porque cualquier oportunidad es buena para interpretar. A mí me sorprendió y me emocionó.

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Cubo de escaleras en el Museo de la Ciudad de Nueva York ¿A poco no da curiosidad ver qué hay dentro? ¿Por qué es emocionante?

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El tamaño de las fotos piso a techo, las frases seleccionadas, realmente sorprenden

 

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Además induce al ejercicio: no tomen el elevador, miren lo que hay por aquí

 

Probando, probando… el prototipo en exposiciones

El año pasado organicé el Curso Internacional de Estudios de Públicos, en el cual participaron cinco profesoras invitadas especialistas en diversos aspectos de esta área.

Hablaré poco a poco de lo que este curso significó para mí, a nivel personal y profesional, como profesora y como participante. Hoy me quiero referir a las sesiones con Kathleen McLean ¿Quién es Kathy? Desde mi punto de vista, una de las profesionales de museos más influyente en los últimos años, una persona sensible a las necesidades de los visitantes , especialista y consultora en diseño de exposiciones, además de alguien con mucho sentido común y buen humor.

La dos sesiones de Kathy trataron de cómo crear exposiciones con un tipo diferente de evaluación: el uso de prototipos. Esta idea la presentó previamente en el Seminario Permanente de Museología de América Latina, en su 8va edición, en el otoño de 2014. Ese día nos enganchó. Tanto fue así que un colega de Colombia, Camilo Sánchez, encargado del diseño museográfico en el Museo de la Independencia Casa del Florero, se embarcó en la hazaña de diseñar una exposición completa inspirado en lo que vimos [1], yo por mi parte, invité a Kathy a darnos un taller en el marco del Curso Internacional, así que volvió un año después.

La premisa es simple: usar materiales sencillos y baratos para recrear, lo más cercano posible, la experiencia que queremos ofrecer a los visitantes, después, invitar a colegas, amigos, voluntarios a usar lo diseñado, y mejorar el diseño con esta retroalimentación.

El uso de prototipos no es nuevo. Se sugiere utilizarlos en las evaluaciones previas que, de acuerdo a la literatura de los estudios de públicos, tiene lugar en la fase de diseño [2]; sin embargo, por alguna razón se piensa en prototipos elaborados o en evaluaciones más estandarizadas utilizando formatos de observación y retroalimentación formales.

El taller sobre cómo mejorar las exposiciones por medio de prototipos duró dos sesiones. El primer día Kathy habló de la filosofía detrás de esta actividad y nos mostró ejemplos de cómo lo ha aplicado en diversos museos con los que ha trabajado. Para finalizar esa sesión los participantes conformaron equipos y propusieron temas que pudieran desarrollarse y concretarse en un pequeño producto expositivo.

El segundo día cada equipo trabajó sobre su idea. Utilizando papel, tijeras, cinta adhesiva, periódico, dieron vida a los prototipos.Fue una sesión increiblemente divertida. Bajo cierta presión de tiempo y con la idea de tener el prototipo concluido, los equipos trabajaron a muy buen ritmo. Se trataba de contar con la propuesta montada para recibir retroalimentación de los compañeros. He aquí el componente evaluativo, pues se invita a otras personas a ver, usar, interactuar con nuestra propuesta y se recaban sus opiniones de una forma libre ¿Hay una muestra como tal? No, ¿hay formatos pre establecidos para tomar las opiniones de los «visitantes»? No, ¿hay un protocolo? Tampoco.

Para mí se trató de experimentar una evaluación cualitativa y abierta en todo el sentido de la palabra. El prototipo funciona como una sugerencia, un estimulante (en inglés se le llama prompt) que detona una conversación, también abierta, sobre lo que la propuesta detona en los participantes y cómo mejorarlo. Es una forma de comprobar nuestras hipótesis sobre el diseño planteado, si provoca o no lo que esperábamos, si invita a hacer lo que se busca, si las personas se involucran con él.

Un consejo final de Kathy: no preocuparse por producir prototipos acabados, perfectos, de materiales caros, sino en recrear, lo más cercano posible, la experiencia que buscamos promover. Finalmente, como ella dice: la perfección es enemiga de la creatividad.

[1] Se trató de la exposición «Más allá de las imágenes: el poder de la alegoría», que se inauguró como prototipo en el invierno de 2014 para después reinaugurarse en la primavera de 2015 ya con los ajustes que se derivaron.
[2] Véase por ejemplo Pérez Santos, E. (2000). Estudios de visitantes en museos: metodología y aplicaciones. [Gijón, Asturias]: Ediciones Trea.

 

 

El #Hashtag como punto de encuentro

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Las redes sociales ha comenzado a tener paralelismos con la vida real en diversos espacios que en el mundo virtual guardan similitudes con el mundo cotidiano. Por ejemplo, conversaciones en vivo, reuniones de café o foros temáticos. No sólo se trata de seguir o ser seguido sino de abrir espacios de diálogo y discusión.

En particular me interesa hablar de Twitter, una red social que define su misión como «ofrecer a todo el mundo la posibilidad de compartir ideas e información al instante y sin obstáculos», esto a través de mensajes cortos en 140 caracteres. A pesar de no ser tan popular entre mis conocidos, Twitter alcanza 320 millones de usuarios activos mensualmente a nivel mundial y cuenta con 8.1 millones de usuarios en México. En cuanto al perfil, se cuenta que esta red no es de la predilección de los más jóvenes, y que apela a las empresas, los medios de comunicación y por supuesto a !los museos!

En este mar de usuarios cabe preguntarse ¿Cómo encontrar afinidades? Una vía es seguir las cuentas de personas o instituciones que son de nuestro interés. La vía tradicional es identificarlos por su nombre corto y el símbolo @ para unirnos y leer sus actualizaciones -creo necesario aclarar que antes se debe pertenecer a esta red-. En lo personal me parece mucho más interesante seguir las conversaciones a través del #Hashtag.

El #Hashtag es el elemento informático # que, unido a palabras clave, permite agrupar todas las conversaciones que usen esta etiqueta -no importa en dónde o por quién hayan sido etiquetadas- y traerlas a nuestra pantalla. Para mí es como sintonizar una estación de radio o un canal de televisión, sólo que entre estos canales no sólo están los temas y conversaciones propuestas por los medios masivos sino los de miles de usuarios de a pie a nivel mundial.

¿Un punto de encuentro para los interesados en los museos? Tan sólo veamos estos ejemplos:

#ItweetMuseums
#SlowArtDay
#AksaCurator
#MWXX
#MuseumWeek

#MuseumWorkersSpeak

Se trata de iniciativas que nos convocan a reunirnos en torno a temas de conversación específicos o a eventos que suceden en determinadas fechas. Algunos por impulso de profesionales del campo en relación a temas especializados; otros, con la idea de sensibilizar a públicos diversos sobre las tareas y relevancia de los museos; algunos más, buscando romper las relaciones típicamente verticales entre los museos y sus públicos.

#ItweetMuseums Invita a los profesionales de museos a tuitear contenidos relevantes desde sus cuentas personales. Proporciona una mirada fresca del día a día de quienes trabajamos en museos o en torno a éstos. También alienta a contar en vivo lo que sucede en las conferencias especializadas. Su creador @MarkBSchlemmer

#SlowArtDay ¿Preocupados por el consumo masivo e instantáneo en los museos? ¿Por la fiebre del selfie? La iniciativa que se promueve mediante este hashtag propone el 9 de abril de cada año como un día para contemplar el arte con calma y platicar sobre la experiencia. Convoca a gente de todos los museos participantes a mirar 5 obras de arte por 10 minutos y después reunirse para conversar. Más información por acá Slow Art Day

#AksaCurator Tiene lugar el 14 de septiembre de cada año. Propone un día en el cual preguntar todas nuestras dudas a los curadores de los museos participantes. Un diálogo en horizontal en donde «no hay preguntas tontas, sólo las que no se hacen  ¿Tu museo favorito no participa? Invítalo» dice @MarDixon su creadora.

#MWXX El mundo está lleno de eventos académicos y reuniones de profesionales muy interesantes. Mientras más amplío mi red en twitter más me entero de todas las cosas increíbles a las que no puedo asistir. No obstante, siguiendo hashtags como éste uno puede echar un vistazo a lo que está sucediendo en vivo: las presentaciones, los temas de vanguardia, las polémicas, los eventos sociales, la opinión de los líderes y también las de los asistentes. En este caso, la etiqueta agrupa las conversaciones alrededor de la conferencia anual de Museums and the web

#MuseumWeek Hablé de este caso para inaugurar mi blog. Una semana entera dedicada a la difusión del trabajo de los museos estructurada en torno a siete temas, uno por día. Este año generó 664,000 tuits que han sido vistos 294 millones de veces, tanto dentro de twitter como fuera de esta red. Una mirada a cómo se distribuyó esta tendencia en el mundo la encuentra por acá.

 Una conversación en vivo cada primer miércoles del mes. Tiene lugar en un horario pre acordado en el que los trabajadores de museos discuten temas que les preocupan, desde asuntos salariales hasta de profesionalización en el campo.

¿No son usuarios de Twitter? Bueno, no pretendo convertirlos.

 

 

 

 

 

Lo que amamos de los museos o cómo amarlos más

La semana pasada inicié este blog con una entrada acerca de la Semana de los museos #MuseumWeek en Twitter. El evento concluyó ayer, personalmente me brindó muchas herramientas para conocer nuevos museos, sus estrategias, colecciones, y para conectarme con otros twitteros que no conocía y no hubiera conocido a no ser por este evento.

El último día estuvo dedicado al tema #LoveMW: lo que amamos de los museos. En la cadena de tweets los museos nos contaron más de sus colecciones o lo que los hace únicos, sus espacios favoritos o por qué deberíamos amarlos. Para mí este tema es un pretexto que para escribir hoy ,no sólo de lo que amamos de estos espacios sino cómo podríamos amarlos más.

He aquí una colección de algunas estrategias y aspectos que me han gustado de mis visitas a diversos museos ¿Por qué me gustan? No sólo a nivel personal hicieron mi visita más agradable, sino que, desde el punto de vista profesional, creo que son ejemplos de «buenas prácticas» en el rubro de estar cerca de los visitantes y tener una comunicación de excelencia con ellos/nosotros.

Para todos los gustos
La exposición La vuelta a la bici  que se exhibió el año pasado en el Museo Franz Mayer de la Ciudad de México es un buen ejemplo de un diseño que contenía diferentes estrategias enfocadas a distintos estilos y gustos de los visitante.

Aunque las bicicletas como objeto se encontraban al centro del discurso y del espacio expositivo, la muestra contenía también otros apoyos para quienes tuvieran interés por conocer más allá del objeto: videos y audios que daban contexto, textos muy bien escritos y con información relevante, incluso un simulador en el que los más aventureros podían hacer un recorrido por la Ciudad de México montados en bicicleta.

Desde mi punto de vista el diseño favorecía un buen ritmo en la visita, en la que te podías abstraer admirando sólo los objetos: bicis, bicis y más bicis; o alternar con la lectura de datos interesantes, citas de personalidades famosas, fotografías, ejemplos de su uso en México y en el mundo.

Franz la vuelta a la bici

Personalmente observé al público y en su mayoría era gente muy involucrada con la exposición, apuesto a que el tiempo promedio de visita en la sala no era bajo. Aquí una aspecto muy relevante en el diseño de exposiciones memorables: diversificación de estrategias para todos los gustos.

Textos breves, relevantes y entendibles

Platicaba recientemente con colegas del ámbito de los museos ¿Cómo es que las cédulas siendo el recurso más común y más utilizado históricamente por los museos,  pueda seguir siendo su talón de Aquiles? Es verdad, la norma aún son los textos largos y especializados, llenos de palabras inentendibles o con información francamente irrelevante, descriptivos más que interpretativos y que pocas veces logran enganchar a los visitantes.

De ahí que se piense que el público no lee ¿Pero si lo que leo no me dice nada? ¿O lo que comienzo a leer no lo entiendo? ¿O si simplemente al ver la longitud del texto me doy la vuelta pensando que nunca terminaré? ¿O si la letra es tan pequeña que acabaré con dolor de cabeza por el esfuerzo?

Escribir cédulas no es tarea sencilla, no por nada existe un libro 100% dedicado a ello:Exhibit Labels: An Interpretive Approach de Beverly Serrell o la American Alliance of Museums ha venido otorgando un premio anual a lo mejor en este rubro desde el año 2009. Difícil pero no imposible, he encontrado ejemplos magníficos.

Nuevamente en la exposición ya mencionada La vuelta a la bici, me topé con el texto introductorio más interesante que he visto recientemente. Se titulaba «de un volcán de Indonesia al caballo de acero» y para mí es un ejemplo de algo que intriga, interesa y te lleva a leer más ¿Por qué? El texto explica cómo es que un evento geológico -la erupción de un volcán- llevó a la transformación climática al grado de modificar la alimentación en Europa, en donde los caballos, antes usados para el transporte, se convirtieron en comida. La necesidad de sustituir este medio de transporte llevó a acelerar el proceso de invención y uso de artefactos novedosos como !la bicicleta! Voilá. He aquí que un texto de museo en no más de 200 palabras introduce el tema, nos resuelve el enigma que anunciaba su título y nos provee contexto histórico y cultural. Créanme que lo recuerdo y puedo decir que algo aprendí en mi visita a esa exposición.

Otro ejemplo lo vi en el Canterbury Museum de la Ciudad de Christchurch en Nueva Zelanda. Este museo combina colecciones naturales e históricas. En general el museo me gustó por sus estrategias de interpretación. Sin una colección abrumadora, me parece que cuenta bien las historias, desde los primeros asentamientos humanos en las islas de Nueva Zelanda, pasando por la historia maorí, la fauna y flora de la región, el manejo ambiental actual, hasta las expediciones a la Antártica. Los textos son breves e interesantes.

La foto muestra una vitrina con objetos de los inmigrantes que viajaron a estas lejanas tierras, como se observa las cédulas de objetos contienen más textos y hay muchos objetos que ver. Sin embargo, el texto principal La marea de inmigrantes señala con claridad un mensaje directo y lleno de emociones: «‘No olvidaremos el viejo mundo’. Los inmigrantes navegaron por una nueva vida a medio mundo de distancia, llevando consigo muchos recuerdos e imágenes de la tierra que estaban dejando, muchas veces para siempre.» Impresionante, creo ¿Qué me llevaría yo si dejara mi país para no volver más?

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Dime dónde estoy !Siempre!

Diversos autores han señalado la necesidad de brindar una buena orientación espacial a los visitantes, especialmente en los museos más grandes en donde la navegación por el espacio y el tiempo invertido en ella pueden ser críticos para la experiencia de visita. Sin embargo pocos son los que hacen referencia a la orientación cognitiva, es decir, brindar a los visitantes claves organizativas que le permitan ubicarse en el contenido que le estamos brindando. Dos autores han hecho especial énfasis en ello, Stephen Bitgood en el contexto estadounidense y Manuel Gándara en el mexicano.

Tal vez alguien les ha recomendado para una buena exposición con diapositivas, decirle a su audiencia qué es lo que verán, colocar una lámina con los temas o la agenda del día, navegar con su público por cada uno de los temas haciendo énfasis en que han pasado de uno a otro y dónde se encuentran en cada momento. Y al final, recapitular.

Bueno, lo mismo sucede en los museos y exposiciones. Dado que el discurso es complejo y además se despliega en el espacio, necesitamos dotar a los visitantes de una brújula y un mapa para su visita, para que puedan saber qué les queremos decir, qué les hemos dicho, en dónde están y cómo se relacionan unos temas con otros. Se supone que el diseño museográfico favorece esto, normalmente los diseñadores colocan diferentes colores para cada sección temática y una cédula que señala lo que veremos en esa sección. Pero, esto no siempre es evidente a los visitantes y, a medida que se avanza en el recorrido se olvidan los títulos o encabezados de las secciones.

Recientemente visité el Museo Arqueológico Nacional en Madrid, España. Este museo estuvo cerrado varios años para una renovación profunda. Uno de los objetivos de la reestructuración fue mejorar la comprensión del discurso histórico y dotar a las salas de los medios que permitieran «la puesta en valor de las colecciones».

No conocí el museo antes de la reforma, pero me dicen que el cambio fue sustancial y para bien. Lo que yo pude notar fue un esfuerzo por decirme dónde estaba en cada momento, no sólo espacial sino temáticamente. Cada sala abre con un breve video introductorio, con animaciones y contenido de interés que explican lo que veremos. Pienso que es un acierto pues los visitantes hoy en día se encuentran muy familiarizados con los medios audiovisuales y en unos cuantos minutos se enteran de qué va, independientemente de que deseen profundizar o no con la lectura y observación de los objetos. Tampoco se abusa de este recurso al grado de que toda cédula esté convertida en un video, sólo es para las secciones introductorias y para uno que otro aspecto en el que el uso de este medio favorece la comprensión.

El otro acierto es que cada vitrina contiene un título y un subtítulo que permiten ubicarnos para saber en qué tema estamos, de qué nos venían hablando y porqué esta vitrina y su contenido están ahí -y no en cualquier otro lado-, es decir, cómo se va enlazando el discurso y qué me quieren decir. Encontré muy útil este recurso. Como todo es una hipótesis desde el especialista de museos que bien vale la pena valorar en un estudio de público o con la evaluación de dicha estrategia.

En la foto se muestra una de estas cédulas, el encabezado lleva el título: Paisajes y sociedades en la prehistoria reciente; el subtítulo: sociedades en la edad de bronce, y después el tema específico: ídolos y estelas.

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