La sección #TBT ThrowBackThursday

El diccionario urbano define el hashtag #TBT, abreviatura de ThrowBackThursday como: tomar una “foto” de tu pasado o de otra época y difundirla en tus redes sociales en jueves. Recientemente vi la aplicación de esta estrategia para reusar contenido generado en el pasado y,  a manera de foto, redistribuirlo nuevamente.

Uno que otro jueves por aquí andarán mis instantáneas del pasado (Inspirada por #musdigi). En esta ocasión les comparto la reseña de uno de los libros sobre historia de los museos más suscinta e interesante que he visto. Publicado originalmente en: Gaceta de Museos No. 56. 3a época. Agosto-noviembre, 2013. Disponible también aquí.

Schubert, Karsten. The curator’s egg: the evolution of the museum concept from the French Revolution to the present day, 3a. edición, Londres, Ridinghouse, 2009.[1]

Curator's egg 001

Reseña

“It could be said that one of the greater myths about the museum is that it is an oasis untouched by the storms of politics and history. Nothing could be further from the truth” (Schubert, 2009: 11)

Varias publicaciones se avocan a la difícil tarea de exponer la historia de los museos,[2] un recuento para el que algunos autores se remontan hasta el clásico museion griego o hasta las cámaras de maravillas y los gabinetes de antigüedades de los siglos XVI y XVII. Sin embargo, si coincidimos con la idea del museo público como una creación del siglo XVIII, The curator’s egg, presenta un recorrido sintético por los acontecimientos más importantes de esta apasionante historia en tan solo 189 páginas de un libro que podríamos denominar de bolsillo.

Karsten Schubert (1961), el autor de esta obra, es un galerista, editor y escritor de origen alemán radicado en Londres, representante de varios artistas del grupo Young British Artists, co fundador de la casa editorial Ridinghouse especializada en historia del arte.

En dos grandes apartados el autor ofrece una síntesis extraordinaria que va del año 1759 y la fundación del British Museum, hasta los inicios del siglo XX y las actuales controversias sobre la relación de la curaduría y la conservación con el arte contemporáneo, entre otros aspectos polémicos.

La primera parte, con cinco capítulos, se refiere a la evolución del concepto museo y su materialización en las instituciones, el contexto en el que fueron creadas, su impacto social y sus características. Schubert logra este recorrido a través del análisis de casos paradigmáticos, moviendo el foco de Inglaterra a Francia, de Francia a Alemania, de ahí a Estados Unidos y de regreso a Europa: el British Museum (1759) y el Louvre (1792), la museología alemana (1900-1930), el Museo de Arte Moderno de Nueva York (1930-1950), la crisis de postguerra (1945-1970) y el Centro Pompideu de París (1970-1980).

En este recorrido, subraya los momentos más importantes en el desarrollo de la museología; también, resalta el trabajo de curadores y museólogos clave en cada momento así como su impacto. Algunos muy conocidos como el estadounidense Alfred H. Barr (1902-1981) del MOMA, y otros casi olvidados como el parisino Dominique –Vivant Denon (1747–1825), quien al frente del Louvre impulsó una reforma a la presentación cronológica de las obras; o el alemán Wilhelm Bode (1845–1929), autor intelectual del recién retomado proyecto para la Isla de los Museos en Berlín.

La segunda parte contiene 9 capítulos. Se enfoca a la época reciente –de los 80 a la primera década del 2000-. En ella, Schubert ya no se avoca a las instituciones sino a los temas de actualidad que han dado forma a la museología contemporánea: el descubrimiento de la audiencia, la exhibición de la obra de artistas vivos, la influencia de los políticos y sus decisiones en la creación de nuevos espacios, la arquitectura como protagonista y las implicaciones de los museos globales como marcas y franquicias a manera de mercancías.

La época reciente representa un reto mayor para la síntesis debido a que el propio fenómeno museológico se ha atomizado y ha tomado características propias en cada sitio sin que dejen de existir las tendencias mundiales. Por ello, uno de los principales focos del autor va sobre la arquitectura, una protagonista no sólo para los museos sino también para la renovación de las ciudades, aspectos con alto contenido político más que académico.

Debido a las presiones económicas y de legitimación que ha vivido el museo como una institución que supo reinventarse después de una decadencia en la postguerra aumentada con las críticas de los 60 y 70, el autor señala que la historia de los museos finalmente puede ser vista como un cambio gradual en el que los visitantes ocupaban un lugar en la periferia de la práctica museal hasta un momento en la década de los 80 en el que se convirtieron en el punto focal.

La aportación de The curator’s egg transita por varios niveles: el desarrollo histórico del museo y de las ideas subyacentes, el análisis de las instituciones y personajes clave, los cambios en la museología como disciplina, que había puesto al museo como “un lugar intocable en las tormentas de la política y la historia” y que ahora también enfrenta reflexiones críticas dentro de la propia práctica profesional al interior los museos.

Su omisión es dejar fuera a las tradiciones museológicas no occidentales, un “pecado” eurocentrista al que también hemos contribuido desde la “periferia”.

 

[1] Este libro se encuentra en distribución en las principales librerías en el extranjero y también en Amazon. Existe una edición en español bajo el título: Schubert, K. (2008). El museo, historia de una idea de la Revolución francesa a hoy. Granada: Turpiana.

[2] Sería muy larga una enumeración puntual de estas publicaciones, pero sabemos que existen historias generales e historias locales, cada país ha intentado una o varias revisiones del desarrollo de los museos en su propio territorio; también, los principales manuales de museología inician con un capítulo dedicado al tema.

 

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Museos abiertos al público ¡Pero de verdad! Parte I

El Consejo Internacional de Museos dice que: Un museo es una institución permanente, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y abierta al público, que adquiere, conserva, estudia, expone y difunde el patrimonio material e inmaterial de la humanidad con fines de estudio, educación y recreo.

Esta es la definición más citada y utilizada como referente para elaborar tantas otras que circulan entre las administraciones culturales de los países o entre las investigaciones del tema. A reserva de ahondar otro día sobre la definición en su generalidad, hoy quiero hablar de su carácter abierta al público. 

Al parecer la mayoría de los museos entienden este requisito como sinónimo de recibir visita pública, es decir, abrir las puertas, dejar que las personas entren y listo, cumplimos. Para mí, habría que profundizar en el sentido y analizar qué significa realmente estar abierto. Una búsqueda simple en internet arrojó quince acepciones, de las cuales sólo la primera -participio irregular de abrir- se relaciona con la actividad diaria de todo museo: “Hacer que el interior de un espacio o lugar tenga comunicación directa con el exterior” y por lo tanto permitir el paso a visitantes. Sin duda, la apertura de los espacios con colecciones privadas pertenecientes a aristócratas y burgueses para ser mostradas a los nacientes ciudadanos en el siglo XVIII fue un primer paso en este sentido.

Pero hoy en día ¿Podríamos mantener esta idea acotada y simplista? Creo que no. Los museos como institución han cambiado, a la par que las sociedades en las que se insertan se han transformado. Actualmente es insuficiente abrir las puertas, adquirir, conservar, exponer y difundir el patrimonio, recibir a visitantes que se sienten compelidos -o son obligados- a asistir, y pensar que con ello cumplimos y estamos al servicio de la sociedad.

En ese caso basta cambiar ligeramente la definición antes ofrecida. En lugar de abierta al público podríamos decir: “que abren sus puertas al público” o “que reciben visita pública”. Digo esto, porque entre los catorce significados restantes de abierta (o) están:

Como adjetivo: Que es simpático y afectuoso y manifiesta francamente sus pensamientos y sentimientos.

Como persona: Que muestra una actitud tolerante y acepta ideas nuevas, críticas, influencias, etc.

Sobre un terreno: Que es llano o raso, sin obstáculos que impidan el paso o limiten la visión.

En relación a una ciudad o una plaza: Que está sin fortificar o guarnecer.

En una carta o escrito: Que se expresa o se manifiesta públicamente.

Prueba o torneo deportivo: Que permite la participación de jugadores de todas las categorías.

Transmisión televisiva -en cuanto a medio de comunicación-: Que se emite sin ser codificado.

Estar abierto a: Mostrar una actitud tolerante y comunicativa, con disposición a aceptar ideas nuevas, críticas, influencias, etc.

Pongan en el siguiente espacio en blanco el nombre del primer museo que les venga a la mente ____________ y analicen sus propuestas en cada uno de los significados arriba indicados. ¿Cuántos museos, desde el personal que labora en taquillas y custodios de sala hasta curadores y directores, son simpáticos y afectuosos? ¿Cuántos son tolerantes y aceptan críticas? ¿Cuántos nos permiten un paso llano sin obstáculos facilitando el acceso con información pertinente y adecuados diseños? ¿Cuántos aceptan la participación de más jugadores de los que dictan los temas, enfoques, estrategias expositivas y educativas? ¿Cuántos emiten sus mensajes codificados sólo para públicos específicos que poseen el “decodificador cultural” dejando fuera a tantos otros que no? Muchos trabajan en ello, pero no creo que sean la mayoría.

Daré dos ejemplos de museos que sí lo hacen. Al menos desde mi experiencia como visitante sentí que, en más de un sentido, estos museos están verdaderamente abiertos al público.

Mi primer ejemplo es el Museo de Arte de São Paulo (MASP), en Brasil. Le toca aparecer en escena por dos exposiciones temporales que presencié, una estrategia para informar sobre los cambios que estaban sucediendo en la renovación que se lleva a cabo, y por una exposición actual de la que me enteré siguiendo sus redes sociales @maspmuseu

2015-10-09 16.41.36La exposición Historias de Locura: Diseños de Juquery, otorgó visibilidad a los enfermos mentales del Hospital Psiquiátrico de Juquery, fundado en São Paulo en 1898, por medio de la exhibición de varios de sus dibujos que pertenecen a la colección del museo desde 1974, cuando el Dr. Osório César, pionero en el uso del arte para tratamiento psiquiátrico,  los donó. El museo reconocía en la cédula introductoria de la exposición que la colección nunca había sido exhibida y que estas estrategias indican un camino alternativo de lecturas y consideraciones, frecuentemente marginadas en la historia del arte que van más allá de la historia canónica y eurocentrista presente en la academia y los museos.

El MASP está en un proceso de renovación, y el museo lo hace evidente comunicando claramente a los visitantes lo que está sucediendo. Lo hacen explícito tanto en la revisión de las colecciones que da como resultado las exposiciones que exhibe, como con información e interpretación de un espacio vacío: nos dice qué está pasando. Se expresa y se manifiesta públicamente. Los espacios en renovación están abiertos a la visita están sin fortificar o guarnecer.

La exposición Arte de Brasil en el siglo XX, fue una de las propuestas ofertadas en la que el museo se “desnuda” ante nosotros, mostrando no sólo las obras de su colección, sino la documentación histórica asociada: recibos de llegada de la obra, telegramas del envío, fotografías, certificados de aseguramiento, correspondencia de la gestión. Algunas otras exposiciones han utilizado este recurso, por ejemplo el Museo Carrillo Gil de la Ciudad de México con la muestra Travesías. Los viajes más representativos de la colección, que personalmente disfruté mucho, pero el MASP lo lleva un grado más allá al colocar la documentación en muro a la par de la obra de arte y no en vitrinas separadas.

Del mismo museo, la muestra actualmente en exhibición Historias de Infancia, provee diversas representaciones de este tema, utilizando obra de distintos periodos históricos, geográficos y de diferentes escuelas artísticas, en un recorrido que rompe el esquema cronológico para buscar “nuevas aproximaciones y fricciones”. Además, tiene como público relevante a la población que está representada: los niños, por ello, ajusta la altura de las obras a una visual más baja para favorecer su apreciación a este sector (1.20 m. en lugar de 1.50). Además diseña diversas estrategias que invitan a la colaboración de otros sectores: el público infantil, las escuelas, artistas: permite la participación de jugadores de todas las categorías. Una vuelta por la descripción de la exposición y se puede ver claramente que manifiesta francamente sus pensamientos y sentimientos.

Es viernes y esta entrada se estaba extendiendo mucho. Dejaré el segundo caso para la próxima ocasión ¿Qué museo será un ejemplo de una institución abierta al público? ¡Pero de verdad!

Por cierto, museos en México: adopten la estrategia en página web de informar sobre sus exposiciones pasadas, presentes, futuras.@Carrillo_Gil ¡bien hecho!